Manu, del Coruxo, disputa un balón con un jugador del Salamanca. | // RICARDO GROBAS

El Coruxo sigue vivo. Posiblemente esa sea la mejor reflexión tras la victoria de ayer en O Vao ante el Salamanca, porque los vigueses lo pasaron mal durante muchos minutos, posiblemente demasiados.

La lucha por hacerse con el control del centro del campo en los primeros minutos de juego fue intensa. Estaba claro que nadie venía a especular, y de hecho las primeras llegadas fueron para los vigueses, que no acertaban a disparar entre los tres palos.

A los quince minutos llegó el primer contratiempo para el Coruxo con la lesión de Riki Mangana, lo que obligó Michel Alonso a hacer la primera modificación del dibujo táctico previsto. Pablo Salgueiro entró en el centro de la defensa, con lo que Antón de Vicente pasó al lateral derecho. Mentalmente el equipo vigués se vino abajo tras la lesión del lateral. El Salamanca se hizo con el control del centro del campo, y los vigueses corrían detrás del esférico y cada vez que lo recuperaban lo perdían con demasiada facilidad.

Los charros fueron creciendo, y su presencia en el área era continua, disfrutando de varias ocasiones claras para abrir el marcador. Sergio Molina y Arroyo dispusieron de dos buenas ocasiones para abrir el marcador, pero esta vez todo se ponía de cara para los vigueses, que pasada la media hora de juego se adelantaba en el marcador. Fue una jugada llevada por la banda derecha del ataque del Coruxo, con Antón metiendo el balón al punto de penalti, en donde Silva, a media vuelta, y sin dejar caer el balón, lo coloca en el fondo de la portería defendida por Dani Barbero. Un gol que liberaba a los jugadores vigueses, y que invitaba a un cambio en la tendencia del encuentro, ya que de otra manera tocaba sufrir.

Diego Silva fue el héroe del partido por el gol que al final valía los tres puntos en juego, pero el de Tomiño debe compartir el mérito con el guardameta Alberto, que reaparecía tras su lesión, allá por el mes de diciembre. A cinco minutos para llegar al descanso, Llorente conectó un potente disparo desde la frontal, que el cancerbero vigués despejó a una mano en una estirada que, posiblemente, se convertirá en la mejor parada de la temporada. Pero es que la cosa no se quedó solamente ahí, pues tras la reanudación, de nuevo Alberto volvió a sacar otra mano increíble a un disparo de Casado dentro del área.

Michel Alonso cambió el dibujo a media hora para la conclusión del encuentro. Metió a Valiño por Manu, colocándose como interior y bajando a Aitor Aspas al lateral. Por delante, le dio aire a la salida del balón con Chevi por Yebra delante de la defensa, y en el centro del campo fue Pedro Vázquez el que le dio minutos de descanso a Mateo. Le vinieron bien estos cambios a los vigueses, que entonces sí que dieron un paso al frente, ajustaron la presión de medio campo hacia arriba y aprovechando que los salmantinos cedían terreno al acusar el cansancio de jugar tres partidos en siete días con los mismos jugadores, los vigueses pudieron controlar más el juego, sin sufrir demasiado en la recta final.

“El estado mental en el partido fue determinante”

El entrenador del Coruxo, Michel Alonso, afirmaba en sala de prensa que “la salida al partido fue buena, pero sí que es cierto que nos costaba ajustar en el medio y al final estábamos jugando con el mismo sistema que ellos, pero esa variante que teníamos que hacer en defensa, sobre todo para ajustarnos con Amaro, nos estaba costando. Es algo que intentamos corregir en el descanso, y creo que después estuvimos algo mejor”. “Fue un partido en donde el estado mental era clave”, prosiguió Michel Alonso, “y en nuestro caso la cabeza fue por delante de otras cosas, y sí que es cierto que en muchas fases del encuentro el equipo estaba tenso. Creo que es debido a la clasificación, pero también pienso que esta victoria debe ayudarnos a soltarnos”. El técnico afirmó que “con los cambios intentamos controlar ese primer balón de ellos. Además, con los minutos, ellos fueron jugando más directos”.