El Celta, entre los vaivenes de la carrera de Maradona y los suyos propios, se cruzó en dos etapas diferentes con el astro argentino. Lo sufrió recién llegado a Europa, en aquella primera temporada con el Barcelona. Y lo reencontró una década después en el Sevilla, ya ajado pero aún de toque mágico. “Un jugador fantástico, sin necesidad de hacer comparaciones”, resume Atilano. Otero lo eleva: “El mejor de la historia”. Ambos pueden presumir de haberlo marcado.

El Celta había iniciado la década de los ochenta en Segunda B y se la pasó entre Segunda y Primera como “equipo ascensor”. Maradona jugó en el Barcelona entre 1982 y 1984. La hepatitis le lastró en el primer año. Goikoetxea le quebró la pierna en el segundo. Contra los célticos disputó los dos partidos de la Liga 82-83, al cabo de la cual los vigueses descendieron.

Muere Diego Armando Maradona ZML

"Fue el mejor de la historia sin lugar a dudas", sostiene Jorge Otero

El primer choque se disputó en el Camp Nou el 21 de noviembre de 1982, en la duodécima jornada. Atilano acababa de iniciar la cuenta que lo iba a convertir en el segundo jugador con más partidos de la historia céltica. “Hazaña”, titularon las crónicas, enfáticas porque la escuadra solo había sumado dos victorias y dos empates en los once partidos anteriores. Atilano anotó el 1-1 y Suárez, el 2-2 definitivo. Pavic, que había rescatado al Celta del infierno de la B, situó a Gelo en la marca individual a Maradona y el argentino, agobiado, retrasó su posición, huyendo del santiagués. “Gelo lo persiguió por todo el campo, al hombre. Si lo sobrepasaba, los demás llegábamos en su ayuda. Me tocó varias veces. Era muy rápido, muy bueno con el balón en los pies. Lo llevaba pegado”, comenta Atilano, que puede presumir con su inagotable gracia de haber anotado ese día tantos goles como el Pelusa: “Y el suyo lo marcó de penalti... Lo cierto es que logramos el punto gracias a la constancia y el esfuerzo. Ellos tenían una plantilla formidable”.

La tenacidad céltica no resultó suficiente en la segunda vuelta, el 20 de marzo. El equipo iba rodando ya hacia Segunda. Gelo volvió a opacar a Maradona, pero el Celta se desfondó en la segunda parte: 0-4, uno de ellos de Julio Alberto a pase del argentino, que en sus propias oportunidades se topó con Maté.

El Celta se fue a Segunda y Maradona se mudaría a Nápoles en el verano de 1984. Pero aún tuvo tiempo de volver a visitar Balaídos. Sucedió el 20 de septiembre de 1983. Una selección de la Asociación de Futbolistas Españoles, que incluía al azulgrana, se enfrentó en un amistoso a Rumanía. Ganó el combinado y la crónica consigna: “El espectáculo lo ofreció Maradona en sus escasas intervenciones”.

El mundo del fútbol llora la muerte de Maradona Vídeo: Agencia ATLAS | Foto: Reuters

Otro sería el protagonista del espectáculo una década después, el 22 de noviembre de 1992. Díaz Vega le arrebató el escenario a Maradona, ya crespuscular pero que Luis Cuervas había fichado como guinda en el proyecto de Bilardo. “No tenía nada que ver evidentemente con el Maradona que yo había conocido por televisión”, comenta Jorge Otero. “Jugaba un poco a su aire. Tenía poca participación. Veías al mito, al futbolista más determinante del mundo. Eso lo convertía en un partido especial. Pero es cierto que al comenzar, todo eso pasa a un segundo plano. Estás centrado en ganar, en las situaciones. No te da tiempo a pensar en quién tienes delante. Con los años sí puedo decir que me enfrenté a Maradona, aunque no fuese el de primerísimo nivel que había sido antes. Queda para la historia”.

Maradona seguía siendo letal a balón parado. En el minuto 6 igualó el 1-0 que había logrado Gudelj dos minutos antes, en un lanzamiento de falta que “Cañizares aún está buscando”, se ríe Atilano, también sobre el césped aquel día. En el 9 ejecutó el córner que Bango cabeceó a la red. El marcador ya no volvería a moverse pero sí el brazo imperativo de Díaz Vega, en su festival de tarjetas. Expulsó a Ratkovic, Juric, Engonga y Gudelj. Los tumultos posteriores condujeron al cierre de Balaídos durante dos partidos.

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El paso de Maradona por Vigo Cameselle / Ricardo Grobas

Maradona exhibió su faceta solidaria y contestataria a la salida de vestuarios. “Los muchachos del Celta se pusieron nerviosos, se puso nervioso el árbitro y los echó a ellos. Yo lo vengo diciendo desde hace tiempo, aparentemente los jugadores de fútbol parece que no podemos hablar y esto pasó hoy con los chicos del Celta. Estamos en democracia”, declaraba el astro, que no participó en el partido de la segunda vuelta.

“Lo recordaba hace poco con Maté”, revela Otero. “Jugadores como Maradona no necesitan esconderse. Son muy claros. Evidentemente fue un fiel reflejo de lo que pasó en el partido. No es que perdiésemos y fuese por el cabreo. Fue un arbitraje nefasto en todos los aspectos y hasta Maradona lo reconoció”.

El nigranense se cuenta entre los devotos del Pelusa, entre los afectados por su muerte: “Son personas que casi las tienes muy cercanas. Lo que hizo es imposible, en una época sin VAR ni cuarto ábitro, con mucho juego subterráneo. En los córners había codazos y cuchillos por todos los sitios. Fue el mejor de la historia sin lugar a dudas. Ahora está Messi, es otra época. Pero en el fútbol de entonces, lo que hizo Maradona fue tremendo”.

Maradona con el Barça en 1983 y al lado, en el partido de A.F.E, ese mismo año FDV

El ojo clínico de Yayo

Cuenta el responsable de "Yo jugué en el Celta" que cuenta el historiador Arca Soler que cuenta Asun, la hija de Yayo, que su padre viajó una vez a Argentina como ojeador del club. Jugador entre 1942 y 1952, entrenador, mentor de incontables generaciones célticas, el cántabro no había perdido el ojo clínico en su sesentena. Se pagó el desplazamiento con sus ahorros, por la sempiterna miseria celeste. Cuando regresó y le preguntaron por sus pesquisas, respondió: "Interesantes son todos, pero solo uno conmovedor. Tiene 14 años y en mi vida he visto cosa igual. Cuesta un millón de pesetas". "Por ese precio, Cruyff o Kempes", le replicaron. El crío se llamaba Maradona, cuenta "Yo jugué en el Celta" que cuenta el historiador Arca Soler que cuenta Asun, la hija de Yayo. Y si no es cierto que sucedió así, hay que imprimir la leyenda.