Tenía ganas de hablar. Llevaba ya mucho tiempo callado. Demasiado, quizá. Hace año y medio que aterrizó Antoine Griezmann en el Camp Nou, previo pago de 120 millones de euros al Atlético, como marcaba su cláusula de rescisión. Luego, el Barça tuvo que pagar 15 millones más para no entrar en conflicto con el club rojiblanco. Desde entonces, el silencio se apoderó del futbolista francés, cuyo encaje en el vestuario no fue nada sencillo. Y en el equipo, menos aún. Ni con Valverde, ni con Setién ni tampoco ahora con Koeman, el técnico que lo ha devuelto a las posiciones centrales del ataque como tanto pedía

El ruido ha acompañado a Griezmann desde que se decidió a vestir de azulgrana. Ruido y murmullos porque no se le ha visto aún en el Barça el carácter decisivo e impactante que tenía en el fútbol cholista del Atlético. Además, su entorno, tanto familiar como su exagente, ha contaminado todavía más la vida del francés en Barcelona.

CHARLA CON VALDANO

Más que ayudarle le han generado problemas a menudo. De ahí que Griezmann tuviera tantas ganas de hablar. Y escogió una charla relajada e íntima con Jorge Valdano para reflexionar sobre su turbulento año y medio en el Camp Nou. Aunque, en realidad, serían dos años y medio porque la emisión del documental, producido por Gerard Piqué.

“Llevo aguantando mucho tiempo y ya dije basta”, proclamó Griezmann en el programa Universo Valdano de Movistar+, desgastado como está porque nunca se ha sentido cómodo en el Barça. Ni en el campo. Ni fuera. Y ese silencio que mantenía, unido a su irregular rendimiento, cada vez más decreciente, amenazaba con ahogarle.

SENTIRSE ESCUCHADO

Por eso, se sentó con Valdano. Con ropa deportiva de la multinacional que le patrocina, horas después de haber perdido, precisamente, en su antigua casa, en el Metropolitano ante el alegre Atlético de Simeone que ha encontrado en la sonrisa juvenil de Joao Félix la solución adecuada para la marcha de Griezmann. El francés, en cambio, cada vez está más triste. “Desde mi presentación, no hablo”, comenzó explicando, recordando unas palabras que pronunció aquel día. “Como dije, yo no quería hablar fuera sino en el campo. Porque yo soy así, es lo que mejor se me da, estar con el balón en los pies”, argumentó.

Más que hablar, quería sentirse escuchado porque el problema es que el discurso futbolístico de Griezmann no cala en el Barça. Los números de su primer año no son malos. Pero tampoco buenos. Ni fu ni fa para una estrella como él, campeón del mundo con Francia en Rusia-2018. Marcó 15 goles y regaló cuatro asistencias en 48 partidos. Ahora, tampoco mejoró demasiado: dos tantos y una asistencia en 10 encuentros. Y el ruido de su desencuentro futbolístico y personal con Messi no deja de escucharse. Al contrario, cada día que pasa aumenta más.