Nunca se sabrá qué habría pasado si Primoz Roglic se queda solo y aislado en los dos últimos kilómetros de la Covatilla. Nunca se sabrá si habría salvado la Vuelta que hoy ganará en Madrid, la segunda consecutiva, la que conseguirá el corredor que no entró en el túnel ni se hundió en la miseria después de perder el Tour ante Tadej Pogacar a un día de París. Y a un día de Madrid salvó la victoria después de un rabioso ataque de Carapaz en los tres kilómetros de la Covatilla.

Roglic llegará hoy a un Madrid vacío vestido de rojo, tal cual hizo hace un año, aunque entonces con el calor del público madrileño. Lo hará tras haber sido sin discusión ni debate alguno el mejor de la carrera, el que ya se vistió de rojo el primer día y el que supo jugar con las cuatro victorias de etapa que ha conseguido, con las bonificaciones y con su fortaleza en la contrarreloj donde fue el mejor.

Pero nadie podrá discutir nunca que ayer se le apareció un santo, vestido de azul, un Marc Soler que auxiliaba a Enric Mas, que peleaba por ser cuarto, tras quedar descolgado Dan Martin, y cuyas pedaladas en favor del ciclista mallorquín le sirvieron para tomar oxígeno y recortar tiempo a un Carapaz que lo estaba poniendo contra las cuerdas y que a punto estuvo de convertirse en su segundo Pogacar. Mucho azote para cualquier ciclista.

El Movistar, se quiera o no, siempre provoca debate; entre otras cosas porque normalmente están en el combate, aquí o en el Tour, y en el ciclismo, como en el fútbol y como en todos los deportes, aunque suene a frase hecha, unas veces se gana y otras se pierde y muchas veces no se logra el objetivo; en la Covatilla, la cuarta plaza de Mas que al final salvó Martin.

Y porque a Roglic realmente le importaba poco ver quién lo acompañaba hoy en el podio de Madrid y, por supuesto, las posiciones siguentes entre las plazas de honor de la Vuelta. Él fue a lo suyo y lo suyo en la Covatilla era dejar la Vuelta sentenciada bajo la confianza de un equipo que lo protegió todo el día como siempre hicieron durante el Tour hasta que la pelea por la victoria estuvo en el tú a tú ante Pogacar y en la ya histórica contrarreloj de la Planche des Belles Filles.

Camino de la Covatilla el Jumbo dejó partir a una escapada con una treintena de corredores porque la lucha de Roglic no era la victoria del día y porque hasta le venía bien, sabiendo que Carapaz o Hugh Carthy, que también lo intentó, lo atacarían de forma frenética en la fase final de una etapa que ganó fugado el corredor francés David Gaudu.

Con fugados delante, con una escapada que captaría las bonificaciones, Roglic se quitaba un peso de encima porque sabía que con la diferencia que le llevaba -solo 45 segundos- el corredor ecuatoriano, sin equipo, no intentaría ni loco un ataque lejano y se jugaría la suerte de la carrera en la parte final de la ascensión a la Covatilla, como así fue. Y porque Roglic sabe que él no es un escalador nato como Carapaz. Él es un ciclista diésel y que solo demarra en los últimos metros de la subida, como hizo ayer después de recuperar oxígeno con mayor o menor polémica tras la llegada de Soler, para solventar solito la papeleta que Carapaz le había puesto tras su ataque final.

Enric Mas niega que hayan intentado perjudicar a nadie

El mallorquín Enric Mas (Movistar) ha asegurado que en la parte final de la subida a La Covatilla, su equipo hacía la carrera que le convenía, no “ayudar” a Primoz Rogric, que iba tras él y Marc Soler, ni perjudicar a Richard Carapaz que había atacado por delante. “Me he fijado que estaba Roglic porque me he girado un momento y he visto la rueda, pero nosotros íbamos a hacer nuestra carrera. No ha sido ni ayudar a uno ni joder al otro, ni mucho menos. Ha sido una situación de carrera. Dan Martin se había quedado por atrás y hemos intentado ir a hacer cuarto en la general. Nada más”, dijo el balear en meta. Mas, al final quinto en la general, confesó que le hubiera “gustado estar un poco mas arriba en la general y ganar alguna etapa”, pero que quizás haya pagado “la resaca del Tour de Francia”, donde también fue quinto, y no haya tenido “la frescura” necesaria para una carrera de tres semana.