Caminó Messi. Caminó para ser decisivo cuando el Barça lo necesitaba después de descansar durante los primero 45 minutos. Estaba sentado en la grada del Camp Nou asistiendo a un partido que retrató lo que es ahora mismo el equipo de Komean. Es bondadoso, extremadamente bondadoso con sus rivales. Les perdona en su área y le regala goles en casa propia. Es incapaz de tener una tarde tranquila, ni siquiera teniendo al Betis con 10 jugadores por la expulsión de Mandi. Es tan tierno e inexperto que transforma los encuentros en montañas rusas, sin tener la personalidad para imponerse. Ni a través del juego. Ni del oficio, por mucho que todo terminara con una goleada.

Nada de eso posee el Barça de Koeman, sometido a una tormenta de emociones donde siempre deja momentos dramáticos en su defensa. Hasta que aparece Leo para terminar con debates populistas y llenos de demagogia. Camina con rabia. Solo hace falta ver sus dos goles, con dos tiros violentamente nada messiánicos. No existía dulzura alguna en esas definiciones. En el penalti, como no se fiaba de Bravo, soltó un zurdazo a la escuadra. Y en el segundo, el primero de jugada, repitió el método con más virulencia incluso.

Después, tras transformar el paisaje del partido, se puso a caminar, a pesar de que una apacible tarde otoñal se convirtió en una terrible pesadilla para Griezmann. Jugaba donde quería. En el sitio que dejó vacío Messi. Por detrás del delantero. Se sentía, y con razón el dueño del ataque azulgrana, iniciando todas las acciones, conectando con Dembélé, a quien dio la asistencia del 1-0, y hablando el mismo lenguaje que Ansu Fati, un prodigio de delantero.

Pero llegaba Griezmann al área y se le apagaban las luces. Se quedó a oscuras, llevando a un territorio lleno de penumbras a todo el Barça. Un equipo que jugaba sin Messi. El foco que lo ha iluminado durante tres lustros. Y el francés iba desperdiciando ocasión tras ocasión hasta que se plantó en el punto de penalti, una pena máxima provocada por la velocidad y astucia de Ansu, que dejó atrás a Mandi.

No estaba Leo y entonces le tocó al francés, que había fallado tres oportunidades, colocó el balón a 11 metros. Se le aparecieron entonces todos los demonios que ha ido acumulando desde que apareció por el Camp Nou hace casi año y medio. Y los demonios se lo llevaron por delante. Una vez más.

Griezmann anda torturado porque ante el Betis todo lo que hizo previo al remate final tuvo sentido, fútbol, inteligencia táctica y, sobre todo, dinamismo. Pero cuando dispara no es él. Es otro. Justo Antoine, un tipo que hacía de la definición un arte, se ha convertido en un tipo vulgar. El Barça, que se protegía con un 4-4-2, no supo, sin embargo, descodificar el peligro que suponía la frágil banda derecha de su defensa. Por ahí se desangró el equipo de Koeman. Quedó el Barça aturdido. Y ya en el descanso calentó Messi. Salió en la segunda parte y se hizo una tarde distinta.

Ansu Fati se rompe el menisco y estará varios meses de baja

El jugador del Barcelona Ansu Fati se ha roto el menisco interno de la rodilla izquierda durante el trascurso del partido ante el Betis, de la novena jornada de Liga, según han confirmado las pruebas realizadas por los servicios médicos del club blaugrana. Su periodo de baja, dependiendo del tipo de intervención, puede ir de los dos a los cuatro meses. “Las pruebas realizadas esta tarde han mostrado que Ansu Fati tiene una rotura del menisco interno de la rodilla izquierda. En los próximos días se determinará el tratamiento a seguir”, informó el Barcelona en un breve comunicado tras la goleada ante el Real Betis (5-2). Ansu Fati tuvo que ser sustituido en el descanso por Leo Messi y al término del encuentro el técnico barcelonista, Ronald Koeman, dijo que se había retirado por “unas molestias”. Horas más tarde se ha confirmado dicha lesión que le podría mantener apartado de los terrenos de juego entre cuatro y seis semanas en el más optimista de los casos. El internacional español, que había sido llamado por Luis Enrique Martínez en la última convocatoria, se está convirtiendo en una de las piezas claves del Barça esta temporada tras la marcha de Luis Suárez. El jugador de 18 años suma cinco goles y cuatro asistencias en los diez partidos que ha disputado en este curso (7 en Liga y 3 en Champions).