Fue una apuesta de Alberto Puig, team manager del equipo Repsol Honda. Puig, a quien le llovieron críticas por fichar a Àlex Márquez, podría ahora girar unas cuantas facturas. Àlex va camino de convertirse en el rookie del año. Ha demostrado que está ahí, en la élite de MotoGP, no por ser el hermanísimo sino porque es buenísimo.

“No voy hablar de las barbaridades que se han dicho sobre mí”, comenta Puig, visiblemente orgulloso. “No puedo llegar a entender cómo nadie reparó en que, en la actual parrilla de MotoGP, solo hay tres pilotos que hayan sido capaces de ganar los títulos de las dos categorías precedentes antes de dar el salto a la cilindrada reina. Son Valentino Rossi, Marc Márquez… y Àlex Márquez”.

Puig explica que con Àlex todo es sencillo y fácil. “Solo hay que confiar y esperar. Este chico tiene todo lo bueno de un Márquez, es decir, profesionalidad, pasión, intensidad, entrenamiento, descanso, inteligencia, información, metodología, pausa, prueba-error, y todo lo suyo, todo lo que aporta Àlex: sentido común, paciencia, colaboración, exigencia, complicidad, confianza”.

¿Por qué y cómo ha aprendido y estallado? “Sencillo, o no tanto. Esta moto es una moto que se lleva con el corazón porque así la ha inventado Marc. El problema es que solo hay un Marc y, difícilmente, saldrá otro. Con esta moto, si la quieres llevar de paseo como la Yamaha, no te salen los tiempos. ¡Imposible! Esta moto exige coraje, decisión. Esta moto pide pilotaje y un piloto valiente. ¿Valiente en qué? En forzarla hasta que superas la barrera que ella te plantea. ¿Cuándo das el salto como acaba de hacer Àlex? Cuando sobrepasas tu límite, el punto ese de miedo, de ¡me voy a caer! No todos los pilotos se han atrevido. Y lo entiendo. Pero aquellos que lo han intentado y no se han caído han visto que la moto les ofrecía, a partir de entonces, la posibilidad de ganar”.

Los hay, en medio de esta jungla de pasión, velocidad, incertidumbre y riesgo, que viven con una sonrisa permanente, aunque la disimulen. Por ejemplo, Ramón Aurín, el ingeniero de pista de Àlex. “Es un encanto, educadísimo, una persona a la que vale la pena conocer, trabajar con él y ayudarle. Yo hacía años que no era tan feliz en mi trabajo y es gracias a Àlex”. Aurín no puede reprimirse al pensar lo que ha sido para Àlex vivir siempre, siempre, al lado de Marc. “Es como si vivieses, entrenases, jugases y te comparasen todos los días a Messi. Pues ahí está: bicampeón y oficial de Honda. Para lograr todo eso al lado del monstruo, hay que ser muy buena persona, fuerte, profesional y un extraordinario piloto. Àlex tiene método y, sobre todo, jamás pierde la calma. Sabe qué le va bien y qué no le gusta, qué le funciona y qué no. Y eso es miel para cualquier ingeniero”.

Aurín asegura que ha sido Àlex quien ha dirigido los trabajos, las mejoras, la evolución. “Los ingenieros tenemos dos indicativos para saber algo sin hablar con el piloto: el crono y la telemetría. Pero esas dos referencias te sirven de poco, de nada, si el piloto no te ofrece una información clara y concisa de qué siente, qué nota en la pista y como se comunica con la moto. Y Àlex, en ese sentido, es puro sentido común y eficacia”.

Algo tendrá que decir Àlex de esta explosión. “¿Qué ha ocurrido? Nada que no tuviéramos programado. Vienes de Moto2, otro mundo, otra historia, otra moto, otros neumáticos, ¡Dios, otros frenos, qué diferencia!, otro pilotaje, otra potencia. ¿Más?, entras en Honda, la moto campeona, hecha por alguien que la pilota a ciegas y arriesgando mucho, todo. ¿Más? Te encuentras con mil piezas y dos mil configuraciones distintas para escoger”.

¿Solución?, se pregunta Àlex: “Solo había una manera de intentar adaptarte, hacerte con la Honda, aprender a pilotarla y dar pasitos: no volverte loco. Y más: no pedir cambios, ni mejoras, ni nada extraño hasta que no me hubiese acabado la moto que tenía de entrada. En los primeros entrenamientos y carreras le pedí a Alberto (Puig) y Ramón (Aurín) que tuviesen paciencia, que no tocasen nada. Debía ser yo quien se colocase en el sitio”.

Àlex le da la razón a Puig: “Cuando con la Honda estás a 1.5 segundos de la pole, tienes más problemas que si la llevas al límite. Cuando asumes el riesgo que ella te pide, la Honda te acerca al podio, no te falla. ¿Cuándo es el momento crítico, el instante en que sientes que ya es tuya? En la frenada, en la entrada en curva, ese instante es crítico y de enorme respeto. Has de confiar ciegamente en la rueda delantera, apurar la frenada al máximo, ausencia de miedo y, una vez dentro de la curva, hacerla derrapar. En ese instante sientes que es tuya y te atreves a todo”.