Lewis Hamilton, que ayer arrebató a Botas la pole en el último segundo, igualó hace dos semanas en Nurburgring las 91 victorias de Michael Schumacher, una cifra que puede superar hoy en Portimao y que le lleva directo a igualar los siete títulos mundiales que estableció el alemán. Dos enormes personajes. Las gestas del británico han reabierto el debate de quién es el mejor piloto de todos los tiempos.

No solo Schumacher le discute esa consideración. Juan Manuel Fangio, Alain Prost, Ayrton Senna y, entre otros, Fernando Alonso, que puede haber sido el más completo de todos, serían merecedores de la distinción. En función de la época y las circunstancias, ha habido pilotos que han sobresalido del resto. Hamilton cuenta con un coche extraordinario que se ha adaptado mejor que nadie a las sofisticadas unidades de potencia híbridas. Mercedes está un paso por delante desde el primer momento.

Si repasamos estadísticas, Schumacher necesitó 15 carreras menos que Hamilton para sumar las 91 victorias. El británico, por su parte, ha disfrutado de más carreras por temporada en sus mejores años y ha alcanzado estas cifras cuando todavía está en la cresta de la ola.

Hamilton también ha tenido el mejor monoplaza en una época en la que la tecnología es todo un desafío y ha disfrutado, sin duda, del mejor coche. Eso sí, ninguno de sus compañeros de equipo ha estado a la altura y solo Nico Rosberg ha sido capaz de ganarle de tú a tú en los últimos siete años. Hamilton, como en su día Michael, tiene a un equipo arropándole con el único objetivo de que no le faltara nada, a menudo pasando por encima de su compañero de equipo.

La principal diferencia al respecto con Michael es que el alemán, durante toda su carrera, siempre estuvo por delante de su compañero de equipo, que en el mundo de las carreras es el principal enemigo. Lewis, en cambio, no pudo derrotar a Alonso y, además de Rosberg en 2016, Jenson Button también estuvo delante de él en 2011 con McLaren.

Sin compasión

Tienen rasgos comunes, indudablemente. Schumacher era una máquina de ganar, un pura sangre, tanto dentro como fuera del coche. Era muy exigente, profesional, pero las personas más preparadas del equipo querían estar a su lado y formar parte del éxito porque era tan rápido y tan bueno que era sinónimo de éxito. Controló en gran medida a sus compañeros bajo todas las circunstancias, ya fuera usando su pie derecho o su astucia. Si le convenía les destrozaba psicológicamente. Sin compasión.

Hamilton, al respecto, tiene unos rasgos muy parecidos al alemán. No solo está al tanto de todo lo que sucede en su coche y controla su carrera, sino que está muy pendiente de sus rivales y, en especial, de Valtteri Bottas, al que presiona al máximo, sin clemencia y al que le va cortando el césped por donde pasa. Si está delante suyo trata de provocarle para que cometa un error y no cede ni un milímetro. Una vez dio aire a Rosberg y le salió mal. Desde entonces no permite que nadie esté a su altura.

Otro de los rasgos que les definen es su tremenda confianza en sí mismos. Esta seguridad les permite acometer maniobras imposibles, adelantamientos inverosímiles, exprimir siempre al máximo el coche y pensar en todo momento que si el rival es capaz de hacer una cosa él también. Nadie les achanta.

James Allison es, probablemente, una de las personas que mejor conoce a ambos. Trabajó mano a mano con Michael durante años. Primero en Benetton y después en sus cinco años dorados en la Scuderia Ferrari. Desde 2017 trabaja con Lewis en Mercedes, equipo en el que ejerce con gran éxito la función de director técnico. En el semanario alemán Der Spiegel apuntaba que “Lewis sería probablemente más rápido con los coches actuales, pero Michael tenía tanto talento que habría aprendido rápido a gestionar los neumáticos tan sensibles que tenemos”.

El aspecto psicológico es determinante y sobre el particular Allison destaca que “los mejores jóvenes no son felices hasta que no han ganado un gran premio. Después quieren ser campeones del mundo. Normalmente hay una cierta satisfacción cuando han alcanzado su objetivo. Pero para seguir teniendo hambre para ganar el séptimo título después de seis, como Hamilton o Schumacher, hay que tener algo muy especial. Son únicos. En la forma con la que Lewis exige siempre lo mejor de todos los que le rodean se parece mucho a Michael”.

Andrew Shovlin, director de ingeniería de Mercedes, trabajó con ambos y cree que hay más similitudes de las que uno puede pensar. “Cuando les analizas en términos de forma dentro del coche te encuentras que en realidad son más similares de lo que podrías creer. Fuera del coche, sin embargo, son dos personas bastante diferentes”, desvelaba en su podcast F1 Nation.

Mucho trabajo

Ha trabajado codo con codo con ambos y remarca que “es impresionante como siempre buscan la perfección. Cuando Michael llegó a Mercedes me habían hablado mucho de él, pero nunca imaginé lo que era capaz de hacer –y la rapidez con lo que lo hacía– para ganar unas milésimas. Todo lo que le decías para mejorar, de una vuelta a la otra, lo cumplía al dedillo”. Shovlin tiene claro que “Lewis es igual. Se adapta al coche a una velocidad de vértigo. Trabaja muy duro. Es uno de los pilotos más trabajadores que he conocido. Siempre busca algo nuevo que hacer para sacar el máximo provecho del coche y de los neumático”.

La capacidad de trabajo también es un aspecto que les enlaza. Hamilton se unió a Mercedes en 2013 y desde entonces, agrega Shovlin, “su progresión ha sido continua. Hoy es un personaje muy diferente tanto fuera como dentro del coche. Antes se movía más por instinto y ahora es mucho más táctico, especialmente, en la forma de trabajar. No solo busca mejorar en la forma de conducir, sino también en la forma en que lleva su vida y su acercamiento al negocio de la F-1”.