Jorge Prado disfruta en la arena de Lommel y así está escrito en su palmarés. Cada vez que llega a su segunda casa es para subirse al cajón y si es posible al peldaño más alto. Lo había hecho en todas las categorías y solo faltaba en la grande, en MXGP. El Gran Premio de Limburg, segunda de las tres pruebas que este año acoge la pista belga, fue la ocasión perfecta para volver a escuchar el himno nacional. Ya suma tres grandes premios en su año de novato en la clase máxima y 34 en su currículo. Lo logró con un segundo puesto y un primero en las mangas. El niño de Lugo sigue escalando en el campeonato, es tercero a solo dos puntos de Cairoli y está dispuesto a dar mucha guerra en las cuatro pruebas que quedan.

Toni Cairoli estaba muy serio en el podio. Es el piloto en activo más laureado y el segundo de la historia tras Stefan Everts. Con sus nueve títulos en el bolsillo y aún luchando por conseguir el décimo, no esperaba que un podio pudiera resultar tan amargo. En el fondo el resultado de la segunda manga era todo un símbolo, un aviso del cambio generacional, algo más que una derrota frente a otro piloto. En la pista de Lommel que tanto le dio, su compañero de equipo, un chaval que casi podría ser su hijo le negaba los galones.

Prado estaba exultante tras la celebración: "Estoy feliz. Ha sido un día muy duro, una carrera muy complicada pero con un gran resultado. El fin de semana estuve resfriado y no pude rendir al máximo, pero hoy me he encontrado con mejor ritmo y he podido batallar hasta el final. En la segunda manga cuando vi que podía ganar tuve que dar el cien por cien de mi energía, Toni me adelantó pero yo quería esta victoria y le he vuelto a pasar. Ha sido muy difícil porque además el viento era muy fuerte y en los saltos la moto iba de un lado a otro. Estoy contento de acabar esta carrera de una pieza”.