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El peso de la conciencia

El Baíña de Tercera División, que insiste en su idea no jugar porque considera una irresponsabilidad poner en marcha las competiciones en pleno repunte de contagios, se arriesga a perder de golpe cuatro categorías y una inhabilitación por varias temporadas

El peso de la conciencia

El peso de la conciencia R. Grobas

El Baíña se ha convertido en una voz discordante dentro de ese discurso generalizado que reclama la puesta en marcha de las competiciones y que a diario repiten clubes, jugadores o entrenadores. En medio de la pandemia que asola el planeta y que estos días vive uno de sus momentos más inquietantes por culpa del repunte en el número de contagios, el club de Baiona reclama que se paralice cualquier intento de arrancar las diferentes ligas y se busquen soluciones alternativas, una postura que amenaza con despeñar al equipo de Tercera División hasta las profundidades del fútbol sala gallego si se confirmase la sanción que la Federación Española contempla para estos casos.

El debate que se creó dentro del club hace semanas duró apenas unos minutos. Todos estaban de acuerdo. Jugadores, padres, técnicos, coordinadores y la directiva que encabeza Ana Iglesias no tenían ninguna duda de que no se dan las condiciones para poner dentro de tres semanas en marcha la Tercera División de fútbol sala en Galicia. El club entiende que en estos momentos hay que priorizar la salud y que tener a dieciséis equipos recorriendo la comunidad durante el fin de semana para jugar partidos y regresar a sus casas supone un peligro y una vía que el virus puede aprovechar para expandirse. Tras conocer la intención de la Federación Española de poner en marcha los diferentes grupos de Tercera División –esta Liga, como sucede en la de fútbol, es nacional aunque su organización está delegada en la Federación Gallega–, el club solicitó que se espere al mes de enero y anunció que en caso contrario su idea es la de no competir.

O renuncian a la plaza o se exponen a una sanción durísima

El Baíña no recibió más que una advertencia por parte de la federación: o renuncian a la plaza o se exponen a una sanción durísima. El equipo bajaría a la categoría más baja del fútbol sala gallego –lo que implicaría perder cuatro categorías de golpe–, recibiría una multa económica y posiblemente sería inhabilitado, por lo que no podría volver a subir en una serie de años. Ana Iglesias, su presidenta, no acaba de salir del asombro: “Es un castigo bestial, durísimo. Hace unos meses se decidió que no habría descensos por la situación y nos sorprende que de repente no se busquen otras soluciones, que no se tomen otro tipo de decisiones para abordar este tema”. Explica la presidenta que dentro del club no hay dudas de que “no se dan las condiciones para volver a jugar. Lo vemos todos los días. Crece el número de positivos y tenemos claro que dentro de dos o tres semanas la situación no va a ser mejor. Nos parece fundamental dar prioridad a la salud y evitar que el deporte ayude a expandir la enfermedad”. Durante los últimos días, en el Baíña han escuchado también a mucha gente que defiende que el deporte también es prioritario. “Pues claro que a la hora de establecer un orden en las prioridades nosotros lo tenemos muy claro. En modalidades como ésta, donde el contacto físico es constante, no vemos otra solución que esperar”, concluye.

Presidenta, directivos, capitanes y entrenador del Baíña, en el pabellón de la parroquia R. Grobas

Para poner en marcha la Tercera División, la Federación Española ha decidido que los jugadores pasen controles cada quince días, una medida que en Baiona consideran absolutamente insuficiente: “A mí no me parece que eso proporcione ninguna clase de seguridad. Te haces un control y una semana después puedes ser positivo y jugar el siguiente partido, contagiando a compañeros o rivales. Nos parece que incluso es una forma de tirar el dinero”. Llegados a ese punto, desde el Baíña insisten en que “puede haber gente que piense que es una cuestión económica, pero en absoluto. Somos un club modesto que se busca la vida para tener a su equipo jugando en Tercera porque es una categoría que supone un importante gasto. Pero ese no es el problema. Apostamos siempre por la educación en valores, así se lo transmitimos a los más de cien jugadores que hay en la base, y tomamos esta decisión porque creemos honestamente que es lo mejor para nosotros, para la gente que nos rodea y para la sociedad en general. Una situación excepcional creemos que merece medidas excepcionales y nos parece un error no verlo así”, insiste Iglesias.

Para que no queden dudas de la postura unánime del club, en las últimas horas han colgado en sus redes sociales diferentes vídeos de los jugadores del equipo, jóvenes universitarios la mayoría de ellos, en los que declaran su apoyo a la directiva y manifiesta que están completamente de acuerdo con la idea de no jugar en estas condiciones. “Están convencidos de que es lo correcto. Eso sí, algunos están asustados por la posible sanción porque les parece una barbaridad”, insiste la principal dirigente de la entidad.

Ahora les toca esperar. La Federación Gallega ha prometido una “inminente” llamada que no acaba de llegar. Alguna comunicación han recibido desde la Xunta de Galicia, sin concretar nada, y desde Baiona y a nivel particular se han sentido absolutamente respaldados por quienes comparten con ellos el día a día. El club no ha renunciado oficialmente porque esperan movimientos que no les empujen a esta drástica solución. Otros clubes de la categoría (al igual que sucede en otros deportes) les han manifestado su intención de ir tras ellos en su reivindicación, pero por ahora no han pasado de simples apoyos de palabra. Esperan noticias, con un castigo exagerado sobrevolando sus cabezas, mientras se agarran con fuerza a su conciencia.

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