El popular periodista Tomás Alonso presenta mañana en el Auditorio Mar de Vigo "A Salvo", libro dedicado al legendario baloncestista vigués, fallecido en 2016.

- ¿Cómo surge la idea de escribir un libro sobre Quino Salvo?

- Yo creía que la figura de Quino era muy conocida en Zaragoza, Valladolid, Cantabria? Era un ídolo. Pero en Vigo nunca pudo jugar al máximo nivel. Sus defensas a Epi durante tantos años merecían un reconocimiento. Pensé en hacerle un documental. Era el género que me parecía adecuado para hablar con todas esas leyendas del baloncesto con las que él jugó. Y hace cinco años, justo cuando teníamos todas las cámaras, las cintas y los focos metidos en el coche para poder grabar, fue cuando se puso muy malito. Íbamos a venir a la residencia Doral. Me llamo Julio Bernárdez y me dijo: "No subas, lo acaban de trasladar al Cunqueiro". A partir de ahí nació la idea del libro. Lo fui llevando como pude. Me costaba mucho. Quino tiene tantos amigos. Es inabarcable. Empecé a escribir, pero no acabé el libro hasta estos meses de pandemia, cuando le di el último empujón.

- En usted coinciden la pulsión periodística y su pasado como jugador de baloncesto.

- Es que Quino es el único ídolo que yo he tenido en mi vida. No soy muy de referentes. No me gusta idolatrar a la gente. Pero claro, tienes 12 o 13 años y al patio del colegio en el que estudias llega un exalumno con la camiseta del Fórum, del CAI? Y con la personalidad arrolladora que tenía Quino, lo bien que trataba a todo el mundo. De él comentan que era igual con el presidente del Gobierno, cuando recibía al Fórum, que con el utillero. Llegaba y te daba un par de collejas, te decía: "Muy bien, chaval". Eso me insuflaba moral para entrenar durante todo el año, pensando en que Quino me había visto jugar.

- El libro se estructura a través de las voces de muchos que lo conocieron: amigos, compañeros, entrenadores, directivos, incluso humoristas como Leo Harlem?

- Es increíble que su figura sea tan imantada, que tenga tanto poder de concentración. En todas estas entrevistas que he hecho a lo largo de cuatro años, más de cien, nadie me ha hablado mal de él. Todos resaltan su personalidad, su capacidad de liderazgo. Presumían de conocerlo. Ves que sus amigos son de verdad. Durante cuatro años han organizado ese pedazo de torneo trayendo al Barcelona, al Joventut, al Andorra, al Obradoiro? No es postureo. Son amigos de verdad. Es una satisfacción haber colaborado con el memorial mediante este libro, este año que no hay partido.

- Cuenta muchas anécdotas. También momentos duros, como obviamente su enfermedad. Pero el tono general es humorístico, que supongo que es lo que mejor cuadra con Quino Salvo.

- Sin sentido de humor no se puede entender la figura de Quino, que está marcada por las pocas ganas que tenía él de crecer. Tenía 45 años y seguía sintiéndose un jugador de baloncesto. Nunca fue un entrenador, sino un jugador que entrenaba. Estaba deseando acabar el entrenamiento para ir con sus jugadores a tomarse unas cañas y explicarles el corte UCLA, una variante que había descubierto o si era mejor saltar dos contra uno en defensa. El resto de sus amigos fue creciendo, teniendo hijos. Él también tuvo dos hijas. Pero se resistió hasta el final a dejar de ser un jugador de baloncesto. Eso le daba una personalidad muy divertida. Todas sus anécdotas son de cachondeo, de un tío muy grande y que hizo feliz a mucha gente.

- "Solo se hizo daño a sí mismo", dice uno de sus entrevistados.

- Hubo gente que se aprovechó de él, de su bondad. Encontró su lugar en el mundo hasta el que el baloncesto evolucionó y él quiso seguir siendo Quino Salvo. Los equipos se convirtieron en sociedades anónimas. Los jugadores salieron del centro de la ciudad para ir a urbanizaciones semiblindadas. Él era un jugador de los ochenta. Le gustaba tomar las tapas con el hincha y decirle a la señora del bar: "Tiene que venir el domingo a animarnos". O discutir de sistemas con los aficionados. Era un tipo muy peculiar. Le costó adaptarse y eso le provocó un bajón. A su gente le decía que él solo sabía jugar y entrenar. Cuando tuvo que trabajar como guarda de seguridad fue un momento durísimo para él. Llevó peor cambiar de profesión que el tumor, que siempre pensó que podría vencer.

- ¿Y cuántas anécdotas no ha considerado conveniente contar?

- Me han recomendado que no contase las más escabrosas. Aquella etapa era muy diferente, el vínculo con el entrenador, las salidas nocturnas, los viajes, cómo lideraba él a sus equipos de cantera? Porque él formó a muchísima gente en Valladolid o Zaragoza. Cuarenta o cincuenta historias quedarán para la segunda parte del libro.

- ¿Aunque sea paradójico, en Vigo se le está conociendo más ahora, tras su fallecimiento, que cuando jugaba o entrenaba?

- Sí. Y es muy merecido todo lo que están haciendo sus amigos con el memorial y este libro también. Me parece increíble que Quino tenga una grada en el pabellón de Torrelavega que lleva su nombre, con un grafiti, y que en Vigo no tenga más reconocimiento que este libro o este torneo. En Valladolid es un auténtico ídolo; en Zaragoza, Cantabria o Sevilla dejó muchísima huella. Incluso para mí, que lo conocí y coincidimos cuando yo jugaba en Torrejón y él en el Atlético, haber conocido a su familia ha sido todo un descubrimiento. Paula, su madre, ha sido una bendición. Es la parte del libro que más me gusta, en la que también aparecen su hermana y su hermano. Me retrotrae a esa parte de mi infancia en la calle Taboada Leal. Yo, como él, iba botando por la calle un balón de baloncesto camino del colegio.

- Habla de esa carencia histórica de un proyecto vigués de baloncesto masculino de élite que se consolide. ¿Por qué? ¿Sucederá algún día?

- Es la asignatura pendiente de esta ciudad. En contra de lo que mucha gente piensa, Vigo vive y entiende de baloncesto. La llegada de Alberto Abalde al Real Madrid nos va a servir para ver que de aquí salen jugadores como Alberto, su padre, Quino, Marcos Carbonell? Lo único que necesita el baloncesto vigués es unidad. Y la ciudad, estoy seguro, respaldaría con público cualquier proyecto de LEB Oro o Liga Endesa. Es la espina que tengo clavada, no haber podido ver a Quino Salvo liderando un equipo de ACB que llevase el nombre de Vigo.