El Leganés continuó agarrándose a sus pocas opciones de salvación con una victoria épica contra el Valencia (1-0), que jugó casi toda la segunda parte con uno más y llegó a fallar una pena máxima.

Quizás el guión hubiera cambiado si a los siete minutos Guedes no se hubiera encontrado con el larguero en un latigazo desde larga distancia cuya trayectoria desorientó al guardameta Iván Cuéllar.

Fue lo más reseñable en los primeros veinte minutos de un cuadro visitante que, como la aspirina, se diluyó para dar vigor al rival. Ruibal, en una acción individual efervescente a la que no pudo dar continuidad ningún compañero tras su pase atrás, avisó por primera vez. Acto seguido quien probó fortuna fue Rosales mediante un libre directo que se marchó alto.

La vencida llegó a la tercera cuando un cabezazo prolongado por Siovas en el interior del área tocó en la mano de Kondogbia, quien había dejado el brazo atrás. Asumió la responsabilidad, porque en la situación del Leganés cualquier acción de este tipo lo es, Rubén Pérez. Y, brazalete en el hombro, engañó a Jaume antes de celebrar la diana con rabia.

El VAR, que confirmó la expulsió n con roja directa del pepinero JOnathan Silva, fue también decisiva para señalar un penalti a favor de los de Voro por mano de Tarín cuando los madrileños estaban embotellados en su área. Le pegó Parejo y detuvo Cuéllar en una intervención que decidió el partido.