Zidane afronta el clásico de mañana contra el Barcelona como un partido clave para que el Real Madrid y él cojan rédito de cara a lo que resta de temporada tras ser eliminados de Copa del Rey en cuartos de final y con el 1-2 en contra de la ida de 'Champions' contra el Manchester City. El galo no puede permitirse perder el tren de la Liga.

El Real Madrid tan solo ha sumado un punto de los últimos seis en juego en la Liga, lo que le ha hecho llegar al clásico a dos puntos de su eterno rival. Una situación provocada por un mes de febrero negro que pone al conjunto blanco contra las cuerdas de cara a luchar por más títulos esta temporada.

El año 2020 comenzó de forma inmejorable con el título de la Supercopa de España y con una racha de 21 partidos sin conocer la derrota hasta el 6 de febrero frente a la Real Sociedad (3-4), en cuartos de Copa, en un encuentro que debilitó los cimientos del equipo. Se acabó la solidez defensiva y el empate frente al Celta de Vigo (2-2) y la derrota contra el Levante (1-0) dinamitaron su ventaja.

Resultados que han hecho arreciar las críticas sobre la figura de Zidane. Sin Casemiro en Copa, sin contar con Rodrygo, la sorprendente decisión de que Toni Kroos no disputase ni un minuto contra el Manchester City, ni salió a calentar, y que, quizá, el pico físico llegó demasiado pronto, ponen el foco en sus decisiones. Ambiente que puede cambiar por completo este domingo. El clásico es un partido grande precisamente por esto. Da igual cómo llegue cada equipo. La calidad es tal que todo puede pasar y provoca giros de 180 grados en las dinámicas. O puede terminar de hundirte. Hace un año Solari tiró en apenas una semana toda la temporada. Esa sombra acecha.