Si los partidos de pretemporada están para poner a un equipo frente al espejo de sus carencias, Zidane tuvo que sentirse como una especie de Dorian Gray moderno. No pudo ser más metafórico el Atlético del Cholo, castigando con severidad con siete goles al pecaminoso Madrid del francés, que, con semejante derrota, ha dilapidado parte de su rédito como entrenador. El 3-7 es demasiado grande como para pasar de largo.

Lo bueno que tiene el fútbol es que para rescatar a sus héroes caídos tiene sus tópicos. Que nadie se acordará de este resultado si el Madrid termina triunfando en mayo es una verdad catedralicia. Tanto como que es una humillación histórica que el Madrid reciba en menos de una hora seis goles.

Tan insultante es el resultado, que los más alarmistas comienzan a dudar de la solvencia del francés para dirigir al Madrid. Quizás porque nunca quedó del todo claro cómo Zidane fue capaz de ganar las tres Ligas de Campeones, ahora tampoco se tienen demasiadas certezas sobre cómo va recomponer el pésimo Madrid del curso pasado.

Por ahora, el Madrid vive inmerso en un corolario de la ley de Murphy. Todo lo que le puede salir mal, le sale peor. La pretemporada arroja más dudas que certezas. O lo que es más preocupante, las conclusiones que se extraen hasta ahora del periplo por Estados Unidos es que salvo por la camiseta nueva, este Madrid podría estar jugando la liga del año pasado.

En el esquizofrénico mundo del fútbol moderno, Gareth Bale volvió a ocupar el rol que se le presupone en la pretemporada, pocos días después de haber sido el supuesto héroe del empate contra el Arsenal. Algunos llegaron a pedir, que tras la lesión de Asensio -que esa es otra- soltar al galés podría no ser una gran idea.

Contra el Atlético de Madrid volvió a asumir el rol que se le presupone este verano. El de un individuo que ni está ni se le espera. Es decir, exactamente igual que el año pasado. Lo peor es que no esté capacitado para suceder a Cristiano. Lo peor es que ya ni siquiera parece intentarlo.

Otro del que tampoco se sabe gran cosa es de Isco. Supuestamente maltratado por Solari en ese Madrid en funciones que se derrumbó en cuestión de días, sus actuaciones no hacen vislumbrar que el malagueño haya salido de esa lista negra en la que le metió el argentino. Como sucede con Bale, tampoco se le ve preocupado.

La derrota contra el Bayern en el primer ensayo veraniego quedó camuflada por la rajada de Zidane sobre la salida de Bale. Aquel "si se va mañana, mejor" soterró unas carencias en defensa que el Arsenal y de madrugada el Atlético, se encargaron de evidenciar. Las alarmas ya suenan en la acera del Bernabéu.