15 de abril de 2019
15.04.2019
GOLF

Tiger Woods completa su historia de redención

Woods consigue su quinto Masters once años después de su anterior triunfo grande y tras superar una terrible crisis personal, física y deportiva que estuvo cerca de retirarle

15.04.2019 | 02:22
Tiger Woods en el último hoyo del Masters Augusta. // Efe

Augusta gritó como nunca cuando Tiger Woods embocó el último golpe del torneo y levantó sus brazos hacia un cielo que llevaba todo el día anunciando tormenta. Catorce años llevaban esperando por esa imagen en el campo donde todo comenzó en 1997 cuando allí se presentó un chico de poco más de veinte años para reinventar el golf. Lo ganó todo, aplastó generaciones enteras de jugadores y se lanzó con absoluta decisión a por el récord de 18 grandes de Nicklaus. Pero en 2008 el tiempo se detuvo para él. Ese año conquistó el US Open, su último grande antes de protagonizar una de las mayores caídas que se recuerdan en la historia del deporte. Pocos descensos a los infiernos como el suyo. En lo personal, en lo físico, en lo deportivo. ..

Tiger se metió en un agujero del que parecía imposible salir. Se desveló su crisis matrimonial que destapó la vida de excesos que mantenía en un tiempo en el que nadie era capaz de discutir su hegemonía en el mundo del golf. Carnaza impagable para la prensa más sensacionalista. Además llegaron una sucesión de graves problemas físicos que le convirtieron en inquilino habitual de los quirófanos. Ocho veces pasó por la cuchilla del cirujano. Cuatro veces en la espalda, otras cuatro en la rodilla. Su pelea por rehabilitarse en los campos de golf parecía una pelea imposible incluso cuando se apagaron los efectos mediáticos de su adición al sexo, de su detención o de todos los escándalos en los que se vio envuelto. Por mucho Tiger que fuese, por mucho talento que hubiese en sus muñecas, era impensable creer que volvería a ser quien fue. Su nivel cayó de forma radical. Desapareció de la pelea por cualquier torneo y de vez la palabra "retirada" sobrevolaba el mundo del golf. "Mi agenda la marca el cirujano" dijo no hace mucho al referirse a su nueva vida, a su carrera deportiva.

Pero Tiger se decidió a escribir la historia de redención más grande conocida en el deporte. Colosal en la irrupción, en la caída, en el regreso...no hay medias tintas con él. Hace unos meses conquistó su primer triunfo en el circuito después de cinco años sin una sola victoria. Los aficionados lo celebraron como si el golf hubiese vuelto a nacer. El mundo soñaba con un "grande", con reactivar la persecución a Nicklaus, con volverle a ver sacando el puño de hierro en un domingo de Augusta o del Open Británico. Pudo suceder en 2018 en Inglaterra, pero allí Molinari contuvo su fuerza en la última vuelta. La mejor versión reciente de Woods regresaba esta semana a Augusta, su patio de juego, cargado de responsabilidad, de autoexigencia. "Es una obsesión", admitió. Y ayer culminó su obra tras una frenética jornada final en la que combatió a una colección de talentos que soñaron en algún momento de la tarde con alcanzar la gloria. Representantes casi todos de esa generación que creció viéndole jugar y que apenas se pudieron medir a él porque cuando ellos asaltaron los grandes torneos Tiger estaba encerrado en una jaula peleando contra sus demonios. Dustin Johnson, Finau, Koepka, Day...asomaron en hocico durante una tarde acelerada por la organización con la idea de evitar la tormenta. Molinari, líder con tres golpes de ventaja al comienzo de la vuelta, acabó por cometer un par de errores que frustraron las esperanzas de uno de los jugadores más fiables del circuito mundial. Seguramente el tipo al que más temía Tiger. Woods, estable en los primeros nueve hoyos, no perdonó en la segunda mitad del recorrido. Ni una duda, errores mínimos desde el tee, seguridad con el putt y sobre todo un dominio absoluto de la escena, sabiendo las oportunidades que no se podían dejar escapar. Donde todos los grandes sienten el peso de la presión, Woods se movió con la seguridad de aquel muchacho de poco más de veinte años. Sin su expresividad, pero con la misma autoridad. Koepka fue quien más se resistió hasta que falló el putt del 18 que podía haber presionado más de la cuenta a Woods en el último hoyo que afrontó con un margen de dos golpes. Allí regaló su único error de la jornada, cuando su prole ya esperaba al borde del green. Un fallo inocuo que arregló con el putt para levantar los brazos y soltar el grito que llevaba once años de espera en su cuerpo. Su decimoquinto grande, su quinta chaqueta verde. El genio está de vuelta.

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