El Celta juvenil dio un paso de gigante en su camino hacia el título de Liga, tras derrotar al Deportivo en las instalaciones de A Madroa. El equipo entrenado por Jorge Cuesta se mantiene en lo más alto de la clasificación, con seis puntos de ventaja sobre el segundo clasificado, el Sporting de Gijón, con dieciocho puntos pendientes de disputar.

El "mini derbi" llegaba con los dos equipos muy distanciados en la clasificación, situación que se evidenció en el planteamiento del partido. Los célticos quisieron llevar el peso del encuentro desde el pitido inicial. Jorge Cuesta reforzó el trabajo en el centro del campo, esperando a un Deportivo que buscaba recuperar el balón para salir con velocidad a la contra. Un conjunto herculino con una defensa de cuatro muy adelantada, que casi se juntaba con el centro del campo, lo que provocaba una aglomeración de jugadores en la parcela ancha que hacía muy complicado mover el balón.

El Celta no caía en la precipitación, y movía y movía el balón en el centro del campo, buscando un hueco por el que entrar. Incidía más por la derecha de su ataque, pero no conseguía claras ocasiones de gol en las que poner en apuros al guardameta herculino.

Los coruñeses continuaban trabajando con intensidad en el centro del campo para robar un balón y salir con velocidad a la contra, pero la defensa del Celta estaba bien colocada y no dejaba huecos. De esta manera, los primeros minutos de juego transcurrieron sin demasiadas sorpresas, con dos equipos que apelaban a la defensa, uno para materializar el dominio que tenían, y el otro para sorprender con velocidad en una contra.

Los vigueses no tardaron en darse cuenta de que no había que entrar con el balón en el área para disponer de alguna buena ocasión, y el primero en intentarlo de lejos fue Salomón, que mediado el cuarto conectó un potente disparo desde la frontal del área que obligó a Brea a estirarse con mucho acierto para desviar el peligro.

Era el Celta quien llevaba el peso del encuentro, y el premio del gol llegó a la media hora de juego, cuando el esférico llega al área y por un lado nadie acierta a rematar y por otro nadie a despejar, con lo que el balón queda muerto y José, con un potente disparo romper la igualdad inicial poniendo a los vigueses por delante en el marcador de las instalaciones de A Madroa.

Con esa ventaja, el Celta tranquilizó su juego, aunque no varió lo más mínimo su forma de juego. Tampoco lo hizo el Deportivo, a pesar de verse por detrás en el marcador, lo que le permitió a los célticos seguir con el control del partido, llegando con peligro. Menos claras fueron las ocasiones de las que disponían los coruñeses, que se veían impotentes.

A cinco minutos para el final llegó el segundo de los célticos. Un gol que marcó Iván en propia puerta, en una jugada en la que aparentemente no había un excesivo peligro, pero la suerte se alió con los célticos en esta ocasión.

Tras el paso por el vestuario, se esperaba a un Deportivo que diera un paso al frente para buscar recortar la desventaja, pero la realidad es que el Celta tuvo unos segundos cuarenta y cinco minutos muy tranquilos. Los coruñeses esperaban en el centro del campo para comenzar a presionar, con lo que el Celta volvió a tocar y tocar el balón, provocando a los deportivistas para que se fueran arriba y ganarle la espalda, pero nadie se movía.

No cabe duda de que era una situación perfecta para el Celta, que con ventaja en el marcador tenía todo a su favor. Tanto fue así, que en el minuto setenta y dos ampliaba la ventaja y sentenciaba el partido de forma definitiva con el tercer gol, obra de Lauti. Con el partido resuelto, los minutos finales transcurrieron sin sobresaltos para uno y otro equipo, realizando los dos entrenadores los cambios para que todos los jugadores dispusieron de minutos de juego.