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balonmano - División de Honor Plata Masculina

Muchos oficios y una pasión

En el vestuario del Acanor conviven desde un ingeniero de robótica hasta un DJ

Los jugadores del Acanor escuchan a Isma Martínez durante un tiempo muerto. // Alba Villar

Los jugadores del Acanor escuchan a Isma Martínez durante un tiempo muerto. // Alba Villar

El balonmano nunca ha recuperado los niveles económicos anteriores a la crisis. En División de Honor Plata apenas Nava y Puerto Sagunto poseen plantillas mayoritariamente integradas por profesionales. "En el resto los jugadores compaginan el deporte con los estudios o el trabajo, salvo aquellos que no tienen la suerte de tener uno", analiza el presidente del Acanor Novás, Andrés Senra. "Lo que se gana no da en todo caso para ahorrar y tener desahogo cuando el jugador se retira".

Jugadores de élite y estudiantes de alto nivel. Así se compone en gran medida el Acanor Novás, que dirige Isma Martínez, graduado en Ciencias de la Actividad Física y diplomado en Magisterio por Educación Física. En el vestuario comparte asiento con un arquitecto o un ingeniero industrial entre otros. A Martínez le parece "muy interesante tener jugadores con formaciones académicas tan dispares. De hecho siempre les pregunto por sus trabajos. Pienso que fuera del balonmano podríamos montar una empresa que funcionase muy bien, abarcaríamos muchos campos".

También en el cuerpo técnico, Xabi González está cerca de convertirse en ingeniero industrial, rama que cursa Andrés Vila, que tras aprobar con una nota brillante selectividad comenzaba en septiembre una ingeniería mecánica.

Quien ya terminó sus estudios y lleva dos años ejerciendo el oficio de ingeniero de robótica es Germán Hermida. "En mi primer año como universitario pasé de jugar en Autonómica con el filial del Octavio a entrenar y jugar con el equipo de Asobal", recuerda el vigués. "Me costó mucho al principio porque la exigencia deportiva era mayor y me dejaba poco tiempo para los estudios. Tuve que aprovechar los viajes con el equipo para hacer cosas de clase". A Isma Martínez le parece el mejor ejemplo de que "el estudio y el deporte de alto nivel son perfectamente compatibles. El balonmano lleva implícitos unos valores que ayudan a superar momentos de frustración".

Tanto Isma como Germán siempre tuvieron claro que querían formarse y tener el deporte como complemento, aunque el técnico acota: "Realmente me dedico a lo que he estudiado. Mis carreras están orientadas a la educación física y trabajo como entrenador, aunque no oculto que mi vocación va dirigida a la docencia". Por su parte, el exjugador del Academia Octavio confiesa: "Me hubiese encantado ser profesional del deporte, pero mi objetivo siempre fueron los estudios. Soy consciente de que vivir del balonmano en este momento es imposible y estoy contento de no haber perdido nunca el norte. A día de hoy tengo un buen trabajo de lo que estudié y la empresa en la que trabajo me da facilidades para compatibilizarlo con jugar al balonmano. Son muy flexibles y a pesar de que debería viajar mucho más por mi puesto, intentan adaptarlo al calendario deportivo".

El central Pedro Aymerich, tras formarse en A Coruña como arquitecto y pasar un año de Erasmus en Polonia, ya está incorporado también al mundo laboral, primero en A Coruña y actualmente en un estudio de arquitectura en Vigo. Por la vía deportiva han tomado rumbo Óscar Silva, estudiante de INEF, y Iago Muiña, que tras aparcar sus estudios en bachillerato decidió inscribirse en el ciclo de técnico de balonmano, que otorga el título de entrenador nacional, profesión que ha dejado entrever que le gustaría dedicarse.

Apurando sus últimas horas como estudiante está David Pichel, que terminará su carrera de Dirección y Gestión Pública en Pontevedra en las próximas fechas.

Aunque no hayan pasado por la Universidad, jugadores como Manu Martínez han encontrado su sitio en el mundo laboral tras cursar ciclos superiores. El capitán fue contratado en la misma empresa en la que hizo las prácticas, al igual que Miguel Trigo, técnico superior en gestión forestal, o Carlos Rodríguez, que tras formarse ha decidido emprender su camino como autónomo, creando su propia empresa de organización de eventos.

En el vestuario conviven multitud de oficios. Roberto Calvo es DJ, Iago Flores es nutricionista, Iago Alonso es soldador y Kevin García es panadero -en la panadería de Pablo Sánchez, que fue capitán del Frigoríficos y también jugó en O Rosal-. Gentes diversas a las que une la pasión por el balonmano y el objetivo común de lograr la permanencia con el Acanor.

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