11 de agosto de 2018
11.08.2018

Peleteiro hace historia para Galicia

La de Ribeira consigue con su bronce la primera medalla de un gallego en un Europeo

11.08.2018 | 02:19
La griega Parahristou besa a Ana Peleteiro. // Reuters

Ana Peleteiro ha llegado para quedarse. Todo aquello que la joven atleta gallega prometía cuando hace diez años empezaron a circular rumores sobre la aparición en Ribeira de un talento sin igual empieza a hacerse poco a poco realidad. Este 2018 ha sido un año extraordinario para ella, el aviso de todo lo que viene. Empezó con el bronce mundial en pista cubierta conseguido en marzo en Birmingham y acabará con el tercer puesto en el Europeo al aire libre conseguido ayer. Un día histórico para ella y para el atletismo gallego que, pese a su sólida tradición y los grandes nombres que ha dado durante décadas de actividad, nunca ha podido celebrar una gesta semejante, la de ver a uno de los suyos recibiendo una medalla en una prueba de esta exigencia. Ana Peleteiro ha sido la primera.

Este resultado es el fruto al trabajo bien hecho y a poner en orden muchas de las cosas que faltaba por ajustar en la vida y la carrera deportiva de la atleta del Barbanza, la que aprendió a amar el atletismo siendo niña, cuando jugaba con Carlos Adán al "pañuelito" como tantos niños que se apuntaron a las escuelas de atletismo que el legendario fondista dirigía en Ribeira. Han pasado muchas cosas desde entonces, una montaña rusa de experiencias que han llevado a la gallega por todos los estados de ánimo posibles. Pero finalmente, cuando peor pintaban las cosas, Peleteiro encontró en Guadalajara, en el equipo que lidera Iván Pedroso, el hábitat necesario para devorar competiciones y levantarse cada día con la idea de ser mejor. La compañía de Nelson Évora, de Yulimar Rojas, de Teddy Tamgho o de Alexis Copello y su convencimiento personal han sido el combustible que la han llevado a esta situación, a ser sin ninguna duda uno de los valores más fiables del atletismo español. Y precisamente esa exigencia es la que le ha llevado a vivir este bronce con una ligera sensación de amargura.

Peleteiro se marcha del Europeo con el bronce pero con el gesto algo torcido, convencida de que estaba para más. Una prueba de su hambre, de su ambición, del inconformismo del que tanto hablan ella y Pedroso, el entrenador que no consiente que en sus pupilos no se produzca la mejora que él les reclama. Si no ve ambición en ellos, si advierte relajación o conformismo, les abre la puerta para que no vuelvan. Esas son las condiciones, las que han sacado lo mejor de Peleteiro.

Buen concurso

En el concurso de ayer, silenciado por la ridícula realización televisiva, la gallega alcanzó en su último intento los 14,44 metros (no muy lejos de la mejor marca personal de 14,55 metros que hizo hace unas semanas) pero sabía que perfectamente podía haber superado a la griega Parahristou y la alemana Gierisch que consiguieron el oro y la plata gracias a las marcas de 14,60 y 14,45 respectivamente. La gallega sabía que estaba para superarlas. Su temporada (en la que ha saltado con enorme regularidad por encima de los 14,30) lo confirma, pero le faltó nada, ese pequeño detalle que en el atletismo te baja de un escalón del podio o te arrincona en la esquina de los olvidados. Peleteiro hizo una gran competición. En su primer intento se fue hasta los 14,42 metros, lo que la instaló en un podio del que ya no se bajó en toda la competición. Lo necesario para estabilizarse emocionalmente y hacer desaparecer cualquier asomo de ansiedad. Gierisch saltó 14,45 metros en su primer intento y la griega hizo el salto de 14,60 en su segundo intento. Todo el mundo fue a menos de forma clara, salvo Peleteiro que siempre dio la sensación de que podría agarrar un intento que le permitiese saltar en la clasificación y soñar incluso con el oro. Hizo otros dos saltos por encima de catorce metros, luego dos nulos más muy largos y en su último intento se lo jugó todo. Con la medalla de bronce ya en el bolsillo se fue a por los dos cajones más altos del podio. Con la concentración a tope, con la mirada fija en el objetivo. No agarró tabla como era su intención y en esos pocos centímetros se dejó el premio gordo de la final. Un solo centímetro la separó de la medalla de plata. Lo celebró entonces con moderación, la de aquellos que se saben llamados a cotas más altas. Pocos saltos, un paseo discreto con la bandera española, una leve sonrisa y la sensación en el rostro de que su cabeza sentía que había dejado escapar una oportunidad única de reinar en Europa. Tal vez hoy ya vea las cosas de otra manera y sienta la importancia de lo conquistado, pero ayer nadie le quitaba a Ana Peleteiro la sensación de que se le había escapado un tren. Pronto volverá a la estación en busca de otro. Su edad (22 años) son un claro aviso de que la historia de Ana Peleteiro solo acaba de empezar. La medalla de bronce de ayer es solo la primera. Lo intuye ella, lo sabe Iván Pedroso, el hombre que no acepta la rendición y que la exprimirá hasta que ese inmenso talento se traduzca en medallas de todos los materiales posibles. Cuando hoy reciba el bronce en el podio del olímpico de Berlín seguramente aparque por unos segundos la amargura de "lo que pudo ser" y disfrute la gloria de lo conseguido.

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