El 26 de marzo de 2014 ha concionado los capítulos finales en la extraordinaria carrera de Víctor Valdés. Ese día, en el minuto 20 de un partido contra el Celta que concluiría 3-0, al intentar atrapar un balón que se le había escapado de las manos, el portero se rompía el ligamento cruzado de la rodilla derecha. Valdés acababa contrato en junio. Se había arriesgado para irse al Mónaco con la carta de libertad. Con el club francés, que se desdijo del acuerdo, acabaría litigando. Se recuperó por su cuenta en Augsburgo, redescubriendo el anonimato en muletas ("el fútbol te aparta"). Con Van Gaal, siempre odio y amor extremos en su relación, acabó mal en el United. En el Standard de Lieja y el Middlesbrough ya no rindió a un nivel acorde con su propio prestigio, aunque ganase la Copa belga. Ahora ha dicho adiós por la vía que más se le acomoda, el silencio. Se va uno de los grandes, porterazo a su pesar.

Valdés ha sido especial dentro y fuera de la cancha. En 2015, recién repescado por Van Gaal para el United, concedió una entrevista significativa a su amigo colombiano Marlon Becerra. En ese diálogo, en confianza, enseña los traumas y las cicatrices que siempre había ocultado bajo su apariencia chulesca. El de Hospitalet le ha dado muchas vueltas a las encrucijadas de su existencia, a las decisiones que tomó y lo que hubiera podido ser. De su lesión, por ejemplo, recuerda que Ayza Gámez había pitado penalti por mano de Adriano, que había sido en realidad fuera del área. El árbitro se había equivocado dos semanas antes en una acción similar en Almería. Valdés, capitán aquel día, se acordó y quiso explorar las dudas de Ayza. Le exigió que consultase al juez de línea. Al final, Ayza pitó falta, Orellana la ejecutó y Valdés se lesionó en esa parada en dos tiempos: "Si no hubiera sido capitán, si hubiera sido penalti...", salmodiaba.

Valdés no se hubiera contentado con modificar algunos instantes de su vida. "Querría cambiar tantas cosas de las que han sucedido que me gustaría volver a nacer", confiesa y es tajante.

- ¿Volverías a ser portero?-, le pregunta Marlon Becerra.

- No.

Esa es la clave de su tortura y su misterio. Valdés, superada su rebelión inicial contra Van Gaal, se apoderó de una portería azulgrana maldita desde la marcha de Zubizarreta. Conquistó seis Ligas, dos Copas del Rey y tres Ligas de Campeones entre otros trofeos menores. Fue campeón del Mundo y de Europa (2012) con la selección española como suplente de Casillas e incluso muchos reclamaron en algún momento su titularidad. Representa el perfil ideal de portero moderno, preciso con los pies, con amplio margen de acción lejos del arco. Y sin embargo jamás disfrutó del oficio. Se dedicó a él porque de pequeño le convencieron de que tenía el talento adecuado. Siempre convivió con el dolor de la soledad y ya de mayor, con la incomodidad de la fama. Puede uno imaginarse su sonrisa impertinente, camuflaje de su fragilidad y su ternura, al apretar el botón que lo ha borrado de las redes sociales y que le permite inaugurar otra vida de la que ya no tendrá que arrepentirse.