El nombre de Iago Aspas supone casi la cuadratura del círculo que rodea a Deportivo Alavés, Celta y Dani Abalo. Un vínculo que comenzó a forjarse de manera abrupta aquel 6 de junio de 2009 en Balaídos. Vigueses y vitorianos se jugaban casi todas sus opciones de permanencia en Segunda División. Solo la victoria certificaba el objetivo y aquellos jugadores de Eusebio Sacristán se dejaron la piel en ello.

Aquel día Iago Aspas debutó en el primer equipo para tener un bautismo de héroe. Corría el minuto 80 cuando un centro de Dani Abalo, con quien le une una gran amistad, conectó en la cabeza del de Moaña para abrir un marcador que el flamante internacional volvió a cerrar de manera definitiva con el 2-1 en un punto de inflexión del celtismo.