23 de febrero de 2015
23.02.2015
vela

Último y triste adiós a un "líder ejemplar"

El mundo del deporte llora la pérdida de Rafael Olmedo, expresidente del Monte Real de Baiona, a los 99 años

23.02.2015 | 04:38

El Monte Real Club de Yates de Baiona se ha quedado huérfano. La muerte de su presidente durante más de 40 años, Rafael Olmedo (Pontevedra, 1916), ha sumido en un profundo pesar a todos los estamentos deportivos y empresariales no solo de Galicia, sino de todo el país.

Recordado como "un hombre excepcional y siempre con una sonrisa", las banderas el club baionés ondeaban ayer a media hasta por la dolorosa pérdida de su presidente, que falleció el sábado a los 99 años de edad después de convertir al Monte Real Club de Yates en una de las organizaciones náuticas con más prestigio internacional en el mundo de la vela.

"Bajo el timón de Olmedo Limeses, el club baionés organizó grandes competiciones de cruceros, como la Regata del Descubrimiento Bermudas-Bayona, varias Lymington-Baiona, varios campeonatos de España y un gran número de Match Race. Se convirtió, además, en el primer club español en presentar, en 1989, un desafío en la competición más antigua del mundo, la Copa América de Vela, a la que el Monte Real se presentaría en dos ocasiones más", reseña el club que presidía en una nota.

"Fue un gran presidente que se encargó, con su gran trabajo, de poner el deporte gallego y español al más alto nivel mundial", indicaba ayer el presidente de la Real Federación Española de Vela, José Ángel Rodríguez, visiblemente afectado por la pérdida. "Ha estado en activo hasta el último momento y se mantuvo al tanto de todas las competiciones del club", subraya el mandatario, que aplaudió que se le concediera "en vida todos los reconocimientos que se merecía". Así, Olmedo Limeses fue reconocido con la Cruz al Mérito Naval, la Medalla de Oro de la Federación Española de Vela, la Medalla de Bronce del Mérito Deportivo y el Premio al Mérito Deportivo. Fue nombrado, además, hijo predilecto de la villa de Baiona, por haber transformado a la localidad en un referente internacional de la vela y el turismo náutico".

Además, en 2013, cuando cumplió 40 años al frente del Monte Real, "la junta directiva decidió ponerle su nombre al mástil de señales del club, en reconocimiento a su enorme dedicación y esfuerzo." Ayer, sus banderas ondean a media asta en señal de luto.

En su recuerdo, José Ángel Rodríguez destaca de Olmedo que "era un hombre que siempre trataba de ayudar a todo el mundo y siempre trataba de verle el lado positivo a todo". De él destaca su "constancia y trabajo siempre con una sonrisa". "Ha sido un pionero en muchas cosas, como en la Copa América (el Monte Real fue el primer club español que osó desafiar la Copa América en 1989), o en traer grandes regatistas mundiales convirtiendo el Monte Real en uno de los clubes más grandes de España y del mundo, pese a que a él le daba igual trabajar tanto para la base como para las grandes figuras de la vela mundial", añade.

"La vida tiene muchas cosas que hay que disfrutar, desde la amistad al deporte", dijo el propio Olmedo en sus memorias publicadas en el FARO DE VIGO, en 2011, obra de Fernando Franco, que desglosó su faceta más emprendedora como empresario polifacético, en proyectos dentro del mundo textil, de la alimentación o de la avicultura, además de ser el motor en Vigo de Aviaco o del Aero Club. En 1956 obtuvo uno de los primeros títulos de piloto privado de Vigo, afición que cultivó intensamente. Practicó tenis y automovilismo, pero "me atraparon el mar y el aire", confesó.

En 1945 adquirió su primer snipe, "Rabisco". Más tarde se pasaría a la vela de crucero, involucrando a su mujer y a sus seis hijos en ella.

Entre sus amistades más destacadas destacaron la del Rey Don Juan Carlos I y su hijo, el actual monarca Felipe VI, cuyas visitas a Baiona eran constantes para participar en el prestigioso Trofeo Príncipe de Asturias de Vela.

Estuvo también en dos directivas del Celta con Faustino Álvarez y Ricardo Zamora como entrenador, "cuando el fútbol era otra cosa", decía. En 1973 su vida adquirió otra dimensión al hacerse cargo de la directiva del Monte Real, que fue durante más de 40 años, su segundo hogar.

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