Existe un vínculo íntimo entre Celta y Athletic que se renueva en cada encuentro entre ambos equipos, con las aficiones confraternizando en las gradas. Y que también puede tasarse en las alineaciones del partido por las Islas Cíes. Patxi Salinas, histórico como rojiblanco y como céltico, ha fomentado que sus dos filiaciones estén representadas. Como célticos jugarán Javi González y él mismo, a las órdenes de Txetxu Rojo; en el bando contrario, Etxeberria, Urzáiz o Yeste. Miembros de una larga tradición de intercambio entre vascos y gallegos.

"Son dos clubes familiares. Siempre ha habido una gran relación entre todas las aficiones y jugadores que han sido importantes en ambos equipos como Patxi Salinas, que es el gran exponente, pero hubo otros muchos", comenta Ismael Urzáiz. "El último de la lista, por citar, ha sido Aurtenetxe". Y revela que él tuvo una cierta participación en la cesión del zaguero a la escuadra viguesa. "Cuando el Celta se interesó por él, me preguntaron. Creo que ha aportado este año. En el Celta, jugadores del Athletic encuentran un clima parecido al que tienen en casa. Es un club excelente para disfrutar y rendir bien en Primera División".

Urzáiz se apartó del fútbol profesional en 2008. La del Ajax fue su última casaca. Tiene en el guardarropa las de Rayo, Albacete, Salamanca o Espanyol. El nudo de su relato lo ocupa el Athletic (1996-2007). Sus 385 partidos ligueros y 116 goles retratan a uno de los últimos grandes arietes de perfil clásico: juego aéreo poderoso, brega, manejo de espaldas, remate con ambas piernas. Cualidades que ya insinuaba cuando el Real Madrid, donde se formó, se lo cedió al Celta en las últimas once jornadas de la temporada 1992-1993. Disputó seis partidos, cuatro ellos como titular, y anotó un gol ante el Burgos. "Me hubiera gustado haber estado más tiempo en el Celta, lo digo con sinceridad", asegura. "Fue el club en el que encontré cosas que quizás, en tan poco tiempo, no fui capaz de devolverle. Al final no me quedé, cuando podía haber sido así".

Como profesional y ahora entendido ha presenciado la evolución del Celta de su época a la actual. Lo que también se contiene en sus compañeros de exhibición: de Otero, Gudelj, Vicente o Ratkovic a Iago Aspas y Roberto Lago, pasando por Mazinho, Karpin y Revivo. "Los tiempos han cambiado. Aquel momento fue la 'belle epoque' del Celta, su época dorada", acepta respecto a la etapa de las glorias europeas. "La gente que lo disfrutó tiene un gran recuerdo de aquello. Ahora mismo es más complicado. Los clubes se tienen que ajustar mucho a sus planes financieros. Siendo así, creo que el Celta está haciendo muy bien las cosas. No es fácil mantenerse en Primera División. Este año, aparte de hacerlo holgadamente, su juego ha sido alabado. No me cabía ninguna duda de que sería así con Luis Enrique, al que conozco muy bien. Es una persona muy capacitada. Ahora en el Barcelona tendrá que exponer todo lo que sabe. Pero seguramente el Celta, aunque no sea yo el que se lo vaya a decir, debe seguir por una línea parecida, con un técnico con valentía y que saque lo mejor de los jugadores".

El Celta ha recuperado el amor por la cantera, otro nexo con el Athletic: "Ahí es donde radica el éxito, en entrenadores valientes que apuesten por los jóvenes y les den minutos. Por mucho talento que tengas, no es fácil superar el choque con el fútbol profesional. Requiere preparación a todos los niveles, no sólo futbolístico sino psicológico. Una liga tan competitiva y dura te obliga a rendir sí o sí todos los días. Nutrirse de eso crea compromiso, la cantera ve rápido que puede conseguirlo".