En el deporte pontevedrés no son infrecuentes las sagas familiares de grandes atletas. Pontevedra cuenta con los Domínguez, Moaña con los Aspas, Vigo con los De la Fuente... Mos tiene a los hermanos Rubén y Claudia Blanco. El joven portero del Celta B no necesita presentaciones. Rubén Blanco es, junto al delantero Santi Mina, la joya de la corona de la prolífica cantera del Celta. Internacional en todas las categorías inferiores asombró por su talento e insospechada madurez a finales de la pasada temporada cuando las lesiones de Javi Varas y Sergio Álvarez le abrieron las puertas del primer equipo celeste y se convirtió, casi sin quererlo, en pieza clave para su salvación con dos memorables actuaciones, ante el Valladolid y el Espanyol, en los dos últimos partidos de Liga.

Aunque Yoel y Sergio le han cerrado este curso las puertas de la Primera División, Rubén, del que se dice puede ser el próximo Iker Casillas, hace ya algún tiempo que ha dejado de ser una promesa. No hace ni una semana que el Celta ha rechazado una oferta del Getafe para hacerse con la cesión del chico hasta final de temporada. La respuesta del Celta fue una rotunda negativa a reforzar a un rival directo.

Rubén es también una fuente de inspiración para su hermana menor, Claudia, con la que comparte unas impresionantes condiciones atléticas. Ambos, no obstante, han llegado al deporte por distintos caminos. Desde que su padre le regaló un par de guantes a los cinco años, Rubén siempre tuvo claro que quiso ser portero; Claudia, en cambio, probó todo tipo de deportes hasta dar con el balonmano. "Casi todos los chavales querían jugar de delanteros, pero yo que querido ser portero desde que mi padre me regaló unos guantes en Navidades. Empecé en el Santa Marina y luego en el Celta", recuerda el guardameta.

"Desde pequeña probé muchos deportes y nunca encontré el mío hasta que hace cuatro años apunté a balonmano. Me gustó y aquí sigo", explica la joven deportista, que añade: "Llevo poco tiempo pero se me da bien este deporte y me lo tomo muy en serio".

Claudia no oculta su admiración por Rubén, al que considera un espejo en el que mirarse. "Es un ejemplo a seguir. Ha llegado muy lejos siendo muy joven y no se le ha subido a la cabeza. A cualquiera le gustaría esto", apunta la joven.

Rubén le aconseja que se tome las cosas con calma y disfrute de la experiencia. "Lo principal es que se divierta y haga amigos, ya le llegará el momento de competir en serio pero de momento tiene que pasárselo bien", subraya.

Los estudios siempre han sido importantes para los dos hermanos, que no han tenido problemas para compaginarlos con una práctica deportiva muy exigente. "Los estudios los llevo bien, de momento no tengo ningún problema. Tampoco mi hermano. Ya desde pequeño iba siempre a competiciones importantes y siempre lo llevo bien y yo intento hacer lo mismo", explica la menor.

De Claudia también se esperan grandes cosas en el balonmano. "Es una niña con un gran potencial. Tiene unas condiciones físicas muy buenas y es muy válida. Se ve que tiene buenos genes", apunta Ismael Martínez, técnico de Claudia en los equipos cadete y juvenil del Balonmano Porriño. "Es una de las perlas de nuestra cantera, una niña que consideramos que a medio plazo tiene que ser una jugadora importante en nuestro primer equipo. Es muy buena defensora y está empezando a conseguir que se suelte en ataque. En tres o cuatro años tiene que estar jugando arriba", destaca.

Claudia juega simultáneamente en los equipos cadete y juvenil del Porriño. "Está jugando sesenta minutos en los dos equipos, dos partidos cada fin de semana. La exigencia es grande. Se entrena cuatro días a la semana y nunca falta", explica Martínez, que no escamotea elogios hacia su joven promesa: "Claudia es una niña tímida, muy tranquila y extremadamente responsable, tanto en el trabajo como en el comportamiento, que es intachable. Es un ejemplo dentro del equipo. Muy responsable y trabajadora aunque tal vez le falta una punta de rabia a la hora de competir. Estamos trabajando en mejorar esto".