23 de marzo de 2012
23.03.2012
POLIDEPORTIVO

El "telepreparador" físico

El excéltico Joan Rodríguez vigila la puesta a punto para los Juegos de la mejor pareja femenina española de voley playa

23.03.2012 | 09:31
Rodríguez vigila a un jugador del Coruxo en O Vao. // Eugenio Álvarez

Joan Rodríguez, preparador físico del Celta durante la etapa de Fernando Vázquez, atiende a lo cercano y lo lejano, a lo colectivo y lo individual. Ayudante de Josiño en el Coruxo, cuida a las jugadoras de voley playa Lili y Elsa, que probablemente competirán en Londres.

A Joan Rodríguez lo domina la pasión por el oficio. El preparador físico catalán, céltico durante la etapa de Fernando Vázquez, ahora verde en el Coruxo, explora todas las facetas de la anatomía. Un viaje al cuerpo humano con Londres como destino. Rodríguez se encarga de la puesta a punto de Liliana Fernández y Elsa Baquerizo, la mejor pareja española del voley playa. Undécimas en el escalafón internacional, defenderán esa posición en el inminente circuito mundial. Las dieciséis primeras irán a los Juegos.
Rodríguez aterrizó en Vigo gracias a Fernando Vázquez. El técnico santiagués lo había conocido en Mallorca. Llegó de su mano al Celta y con él se fue. Pero se afincó en Vigo, donde se había ennoviado. "Aunque no sé si me quedé por eso", bromea.
Hoy ejerce de preparador físico del Coruxo. En O Vao ha montado una clínica junto al fisio Adri. Recupera su especialidad en alto rendimiento. Aplica a "gente de la calle" técnicas y máquinas "que solo poseen Barça y Espanyol". Périco por herencia (su padre coordinó la cantera blanquiazul durante 20 años), fue en su Barcelona natal donde se inició en la electroestimulación.
A lo largo de su carrera ha explorado territorios vírgenes. Adoctrinó a Álex Barros "cuando en motociclismo no había nada de preparación física". E igual cuando empezó a colaborar con el Vigo Stick. "Es una suerte", dice de estos meandros laborales. "He podido investigar en diferentes deportes".
Su contacto con el voley playa se produjo al máximo nivel. Bosma y Herrero, plata en Sidney, se encomendaron a él durante un tiempo. El nombre de Joan ha conservado prestigio en los arenales. El pasado verano le llegó la llamada de Lili y Elsa. Aceptó.
Él, que vivió el fútbol de élite aún en tiempos de cierto lujo, se adapta a posibilidades financieras más limitadas. Lili y Elsa residen en Tenerife, refugio europeo durante el crudo invierno. Joan viajó a Los Cristianos en septiembre para diseñar el plan de ejercicios. Desde entonces se mantienen en contacto a distancia. Le envían el vídeo de cada entrenamiento y él corrige. Ahora sus pupilas se encuentran en Los Ángeles. Preparan en la dorada California su debut en el circuito, que será en Brasil. El Skype, forma de abaratar las llamadas, los conecta. Joan conversa mucho con el técnico de la pareja, Danny Wood. "Lo ideal sería estar con ellas. Pero no es económicamente viable", analiza. Entiende que el trabajo resulta igualmente útil en una disciplina exigente. "La arena requiere potencia y resistencia".
Lili y Elsa acarician el sueño olímpico. "Aunque sería como experiencia. Son muy jóvenes (24 y 25 años). Su objetivo estaría en los siguientes Juegos", comenta. La Federación Española organiza su propio equipo. Joan las acompañaría "como turista, eso seguro". Tiene casa para residir en la capital inglesa. También trabaja con John García, miembro de la pareja británica que podría competir en calidad de invitada.
Joan no añora los tiempos del Celta. "Me interesan más los deportes más pequeños, en los que puedes influir más en el rendimiento". El vestuario céltico le proporcionó, con todo, una gran experiencia vital. "Trabajas con 25 personas de todo tipo. De mis tiempos queda Oubiña, que era muy profesional. Del futbolista se tiene la imagen de que se entrena poco. No es cierto. Entrena lo que debe. Y a poco que sea inteligente sabrá que le conviene, que incluso puede alargar algún año su carrera".

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