El Celta despidió la temporada con una sonrisa dibujada en la cara. Antes de encarar a partir del miércoles el angustioso play-off de ascenso a Primera División los vigueses vivieron una tarde relajada en Balaídos donde superaron con comodidad al Cartagena y acabaron con una racha de más de tres meses y medio sin conseguir la victoria en Balaídos. La victoria sirvió además para proteger su posición en la clasificación aunque eso suponga medirse ahora al Granada –teóricamente el rival más fuerte de los que concurren al play-off– que dio la sensación por su comportamiento de ayer en Huelva que "eligió" medirse a los vigueses en la eliminatoria que arrancará en unos días en Balaídos.

Los de Herrera, que a diferencia de sus rivales han vivido el último tramo de la temporada sin gastar un segundo en otros asuntos que no fuese ajustar al equipo de cara a los duelos decisivos de esta quincena– solventaron el compromiso con insultante facilidad. Buena culpa de ello la tuvo el comportamiento del Cartagena que, sobre todo en defensa, ofreció unas escandalosas ventajas a las delanteros del Celta. No les iba nada en el asunto y la decisión de su directiva de hacerles viajar catorce horas en autocar hasta Vigo tampoco parece que haya supuesto una carga de "motivación" para ellos. La cuestión es que los vigueses, con una alineación repleta de caras nuevas, les pasó por encima.

Dispuesto a dar una vuelta de tuerca a este final de temporada el técnico extremeño del Celta volvió al 4-3-3 y aparcó por un día los tres centrales a los que parecía haber confiado el destino de la temporada. Una decisión algo discutible porque hay cuestiones básicas del juego que el Celta sigue sin tener seguras y eso puede ser determinante en una eliminatorias que van a estar marcadas por la angustia y por la absoluta necesidad de no cometer errores.

Pero la visita del Cartagena sirvió al menos para cargar el depósito de autoestima y para que varios jugadores se reivindicasen. Fue el caso de Oubiña, espléndido toda la noche hasta que los gemelos le reventaron producto del cansancio; de Michu que funciona muy bien con libertad; de Joan Tomás, que regaló uno de los goles de la temporada y de Aspas, individualista a veces, pero constante y dinámico. Hay mucha gente pidiendo un sitio en este momento de la temporada y preparada para discutirle el puesto a David, Trashorras o De Lucas, que cargaron pilas en el banquillo y a quienes Herrera va a lanzar contra el Granada.

La inercia fue la que derribó al Cartagena que solo asustó en el minuto seis en una llegada por la banda de Toni Moral que colocó un centro a Toché para que este estrellara el balón en el palo y luego, en el rechace, no fuese capaz de empujar el balón a la red. Fue el único susto que dieron. A partir de ahí el Celta acumuló ocasiones de forma constante mientras los defensas del Cartagena, sobre todo Clavero, hacían absoluta dejación de sus funciones. Al cuarto de hora Michu se quitó de encima a dos contrarios y soltó un gran latigazo desde la frontal para abrir el marcador confirmando que su papel como "llegador" lo interpreta mejor que nadie. En plena descomposición cartagenera tres minutos después Joan Tomás recibió un balón adelantado, sentó al portero con un sombrero y sin apenas espacio colocó el balón con la cabeza en el fondo de la red. Un gol para los telediarios y que convirtió en un trámite lo que vendía después porque el Cartagena se asomó de forma triste en el área de Sergio, que debutada como titular, mientras el Celta desperdiciaba ocasiones en la otra punta del campo.

Herrera comenzó a mover el banquillo en el segundo tiempo demostrando que no quería cansar a ninguno de sus hombres esenciales. El partido fue languideciendo y solo lo animó Aspas con su guerra contra los centrales –lo que pudo traer malas consecuencias– y algunas acciones de Jota, otro de los que ingresaron en el campo. De sus botas salió el tercer gol, un excelente pase interior hacia Abalo que dejó al de Vilagarcía solo ante el portero para que rubricase el triunfo. El Celta se marchó del campo feliz pero consciente de que lo de ayer es una broma comparado con lo que le espera a partir de esta semana. El Granada ya asoma a lo lejos, llega el partido más importante de los últimos años para los vigueses.