21 de febrero de 2011
21.02.2011

Gesta histórica del Iveco U niversidade

El XV del Olivo empata en casa del CRC (6-6) y logra el ascenso a División de Honor

21.02.2011 | 09:05
Jugadores, técnicos, familiares y aficionados del Iveco Universidade de Vigo posan con alegría al final del choque. // LOF

CRC 6
Ónega, Longueanu, Salazar, Torres, Salvador, Tudela, Gómez, Brasca, Esteban, Dorin, Hernando, Canosa, Fernández, Gajanu, Barrio V. También jugaron Vaideanu, Nodrid, Romero, Ojeda y Pérez.
Iveco Universidade de Vigo 6
Iñaki, Óscar Ferreras, Gustavo, Adrián Fernández, Chema Fernández, Usero, Clovis Degorce, Cameron Eyre, Mera, Jon Arri, Jon Iker, Carlos Blanco, Alberto Campos, Carlos de Cabo y Riki Tukaki. También jugaron Prieto, Monreal, Berlande y Macedo.
Anotaciones: 3-0, min. 7: Dorin; 3-3, min. 42: Arri; 6-3, min. 45: Dorin; 6-6, min. 67: Arri. Árbitro: Pedro Montoya. Mostró cartulina amarilla a Cameron Eyre (min. 79). Incidencias: Encuentro disputado en el Valle de las Cañas. Gran entrada, con nutrida presencia de aficionados del Iveco Universidade de Vigo.

El Iveco Universidade de Vigo escribió ayer en el Valle de las Cañas una de las páginas más hermosas del deporte vigués. El club, que hace poco más de un año estaba al borde de la desaparición, ha logrado el ascenso a División de Honor. Será la primera escuadra gallega que compita en la elite. Corazón y calidad han hecho posible el milagro contra pronóstico. La inyección de talento de los jugadores del hemisferio sur y el coraje de los veteranos se han combinado para batir al poderoso CRC madrileño. El XV del Olivo alcanza la gloria. Doscientos aficionados que viajaron a Pozuelo recibieron el premio a su fe y compartieron fiesta con sus héroes, cuyos nombres se recitarán por siempre en la memoria de la creciente comunidad del rugby del país. Este ascenso es el hecho fundacional de lo que habrá de venir, un acontecimiento legendario pese a lo inmediato, desde ya mismo.
"Ha sido de película. Ha ganado el que más lo ha querido, golpe a golpe", describe el capitán, Chema Fernández. El Iveco, una criatura mestiza de rápido y extraordinario crecimiento, volvió a demostrar que la solidaridad cuenta más que el físico. El encuentro se desarrolló como el de hace quince días en Lagoas Marcosende. El equipo vigués, que guardaba la ventaja de 11-6 obtenida entonces, controló el choque desde su defensa. El ascenso se decidió sobre el abismo, en la delicada frontera que separa el éxito del fracaso. Exigió sufrimiento y épica hasta el último instante.
El CRC quiso hacer valer el peso de su paquete de delanteros. En la melé supera en 100 kilos a la viguesa. La última avalancha resultó brutal. Los madrileños se instalaron en la veintidós visitante. Empujaron a los gallegos a cinco metros de la línea de ensayo. Posar el oval les hubiera permitido compensar el resultado de la ida y asegurar la prórroga; si añadían la conversión a palos, hubieran remontado. Cada centímetro se peleó a dentelladas con el cronómetro apretando.
Fue una eternidad para los exhaustos músculos vigueses. El cielo pareció ensombrecerse cuando el árbitro envió al "sin bin" a Cameron Eyre en el minuto 79. La amarilla dejaba al XV del Olivo reducido a catorce efectivos. El CRC exprimió su última posesión con el tiempo cumplido, hasta casi ocho minutos de prolongación. La descompensación de peso a favor de los locales elevada a más de 200 kilos en las dos últimas melés; cada "ruck", convertido en una escabechina de cuerpos; placajes a vida o muerte. Y el pitido arbitral como fanfarria celestial cuando el CRC perdió el oval. La montonera de júbilo fue inmediata, engordada con los hinchas que se fueron sumando. Las últimas energías se gastaron en elevar los brazos al cielo.
Cierto que el Iveco Universidade hubiera podido disfrutar de un final más tranquilo. Arri, preciso con el pie, neutralizó los dos golpes de castigo con los que el CRC fue tomando ventaja. El Iveco construyó desde su veintidós y asustó al rival con la esmerada combinatoria de su juego abierto. El liner anuló a los vigueses un ensayo que el árbitro ya había concedido. Sólo el asistente percibió el "avant" en el último pase. El XV del Olivo se repuso a su indignación y a sus muchos dolores (el capitán jugó con un hombro destrozado). El entrenador, David Monreal, se vistió de jugador y entró en cancha para dirigir a los suyos en el cerco definitivo. "Me siento orgulloso de mis jugadores. Han trabajado todos al 120 por 100", afirma. Tiene razones para hinchar el pecho. El CRC, campeón de su grupo, una máquina de anotar durante la temporada regular (media de 40 puntos), no ha logrado un solo ensayo en todo el play off.
Getxo, que eliminó en la prórroga a Les Abelles, acompaña al Iveco a División de Honor, donde La Vila canta el alirón. Será una temporada exigente para los vigueses, pero la ilusión les compensará el esfuerzo. Aunque nadie piensa aún en esa tierra prometida. "Nos queda lejísimos", indica Chema Fernández. "En unos días nos jugaremos la Copa de Campeones con el Getxo y después la Copa de España": Quieren su particular "triple corona". Pudiera parecer una quimera pero es así como comenzó todo. Lo resume el presidente, Ramón Babé: "Se nos cumple un sueño".

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