Lejos quedan los tiempos en que Mostovoi se enfadaba si tocaba viajar en autobús. Las excepciones de entonces son la norma común de esta época de ahorros y penurias. La expedición celeste a Huelva regresó de noche, justo tras el encuentro, y arribó a las once de la mañana a A Madroa. Casi mil kilómetros de asfalto en el cuerpo como aperitivo de un ligero entrenamiento.

Pero tampoco quedan divas en la plantilla. Los jugadores se resignan a las condiciones actuales, las que conocen de siempre: "Los viajes son así, hay que aceptarlos. Es una paliza, estamos cansados, pero forma parte de la profesión", indica Lago.