El Coruxo y el Atlético de Madrid B consiguieron sobreponerse al temporal que ayer azotó el campo de O Vao. Cinco minutos antes del inicio, justo cuando los dos equipos acababan de retirarse al vestuario tras el calentamiento, cayó una tromba de agua tan grande que hacía imposible ver más allá de un palmo, acumulando tanta agua el terreno de juego que el sistema de drenaje del campo no era capaz de eliminar tanta agua.

Con esta situación el planteamiento del partido era claro, ya que el balón no se podía mover en corto, obligando a largos desplazamientos para intentar llevar el balón al área rival. Aunque parezca curioso, fueron los madrileños los que se adaptaron mejor al encharcado terreno de juego. Los de Josiño Abalde se empeñaban en mover el balón en corto, provocando que el esférico se quedara siempre a medio camino.

El conjunto colchonero, que en ningún momento justificó su posición en la clasificación, se dio cuenta de que el balón había que moverlo en largo. Los centrales del equipo no se andaban con bromas y no dejaban que ningún jugador del Coruxo llegara a su área. Así, en la primera mitad, los vigueses casi no llegaron al área madrileña.

Estaba claro que tal y como estaban las condiciones climatológicas y el desarrollo del encuentro, si había un gol éste llegaría en una jugada a balón parado.

Tras el descanso se vio a un equipo vigués que ya no quería jugar en corto y que movía el balón con pases largos buscando en la zona a un Zurbano que sigue peleado con el gol. El Atlético de Madrid B ya no llegaba con tanta claridad, pero a los trece minutos tuvo la mejor ocasión en un mano a mano de Sergio Marcos con Jorge Pérez, enviando el balón fuera.

El Coruxo también tuvo su gran oportunidad. A veinte minutos para la conclusión, una magnífica jugada de Antúnez en el vértice izquierdo del área, que le cede el balón a Zurbano dentro del área pero envía el balón por encima de la portería.

Al final, el empate sin goles hizo justicia y repartió los puntos entre dos equipos cuyo mérito fue mantenerse en pie en una tarde infernal como la que ayer se vivió en O Vao.