07 de marzo de 2010
07.03.2010
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El Celta no sale de pobre

Un error de pardillo condena a los celestes a un empate ante un Recreativo entregado

07.03.2010 | 01:31

El Celta se dejó ayer otros dos puntos en Balaídos con un empate ante el Recreativo que no resuelve ninguno de sus problemas y le condena a otro agónico final de temporada. El calado del tropiezo conocerá hoy, cuando juegue el Albacete y el Murcia, pero la cándida imagen ofrecida por el grupo de Eusebio en un momento tan importante de la temporada invita directamente a la depresión.
En un partido inhóspito, los celestes reincidieron en todos y cada uno de los males que siguen atenazándolos (falta de pegada, yermo dominio de la pelota, fragilidad en la estrategia defensiva) y se condenaron con un error de pardillo.

cellerino titular

Eusebio introdujo dos retoques en el once en busca de gol. Mallo entró en defensa por Vasco y Cellerino, la gran novedad, se estrenó como titular con la zamarra celeste con un interesante partido. La estrategia fue similar a la empleada frente al Córdoba: juego más directo y profundo, menos conducción de balón y mayor protagonismo ofensivo de los laterales. Pero el Celta no encuentra tampoco el camino de la portería con este nuevo estilo, menos artificioso, que el pucelano trata de imponer desde hace algunas semanas. La pelota le dura poco, se ha perdido criterio en la circulación en el medio campo y la fractura entre líneas es considerable y propicia el contragolpe del rival.
Casi todas las mirada estaban puestas en el delantero argentino, muy mejorado en el aspecto físico con respecto a su anterior comparecencia. Cellerino esbozó buenas cualidades, sobre todo en el pase (dio a Trashorras la asistencia del gol) y de espaldas a la portería, pero encontró poco espacio para el remate y apenas si pudo armar la pierna en un par de ocasiones. Necesita algo más de tiempo y puede ayudar aunque es difícil determinar aún si es el goleador que el Celta necesita. De momento, el juego de ataque del Celta sigue hipotecado. Depende casi siempre de que Trashorras se saque algún pase de la chistera o de alguna acción con la pelota detenida, como el magistral lanzamiento que el lucense estrelló en el travesaño.
Tampoco el griego Papadopoulos, que frente el Recreativo cumplió su cuarto partido como titular, está resultando demasiado rentable como goleador. Claro que no le ayuda el empeño de Eusebio por arrinconarlo en la banda. Tampoco ayuda a la faceta anotadora Botelho, un chico que toda la vida ha jugado de lateral, que se pierde como delantero. Con Joselu y Aspas en el banquillo, tuvo que ser otra vez Trashorras (nueve goles este curso contando la Copa) el que sacase al Celta las castañas del fuego.

otro mal árbitro

El Celta volvió a sufrir los rigores de un mal árbitro, que complicó notablemente la existencia al conjunto vigués con la rigurosa expulsión, por doble amonestación de Papadopoulos, que vio dos amarillas en poco más de un minuto. En superioridad, el Recreativo encontró los espacios que le faltaron anteriormente para atacar la portería de Falcón. Hevia Obras, que echó también a Bayón, el segundo de Eusebio y a Ernesto, uno de los masajistas, compensó luego al Celta con otra tarjeta roja, también excesiva, a Troest, que al menos al partido devolvió el equilibrio de fuerzas.

cambios condicionados

La expulsión de Papadopoulos condicionó los cambios, salvo el de Abalo, que suplió con igualdad de efectivos en el campo, al desdibujado Botelho. Aspas relevó incomprensiblemente a Trashorras, el mejor sobre el césped, acaso para aprovechar su velocidad, y Joselu entró por Cellerino después de que éste, exhausto, sufriese la dura falta que provocó la expulsión de Troest.

otra falta mal defendida

El Celta sigue pagando un exorbitante peaje en las acciones de estrategia. Una falta mal defendida le costó ayer el empate y dio al traste con un trabajo, hasta ese momento, casi impecable, incluso con uno menos sobre el terreno de juego. Pero en Segunda basta un despiste para condenarte y el conjunto de Eusebio carece por completo de capacidad de reacción. Así que apenas unos segundos bastaron para tirar por la borda el buen trabajo de 85 minutos.

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