Asobal / Lábaro Toledo 32-28 Pilotes Posada
El Pilotes se queda sin aire en Toledo
El conjunto académico sucumbe a la férrea y axfisiante defensa del Lábaro

Quique Domínguez da instrucciones a sus jugadores durante un partido en As Travesas. / José Lores
efe
El Lábaro Toledo derrotó al Octavio Pilotes y se hizo fuerte en su feudo del ´Javier Lozano´, como diez días antes frente al Reyno de Navarra San Antonio, merced a una fuerte y asfixiante defensa que no aguantó el cuadro rojillo.
La constante de los primeros minutos fue el equilibrio de fuerzas y la igualdad en el marcador, si bien era el Octavio el que marcaba los tiempos y manejaba mejor la situaciones, lo que le hizo ir por delante, pero sin cobrar ventaja.
A remolque en el juego, sobre todo el defensivo, pero emparejado en el electrónico, el Lábaro no tenía suficiente fluidez ofensiva y el Pilotes se sintió cómodo, hasta el punto de cobrar una ventaja de tres goles en el minuto 15 (4-7), su máxima renta.
Pero entonces apareció la furia local para, con cuatro robos consecutivos, enjugar la desventaja y, con una tenaz y persistente defensa, situarse con una renta de dos goles, con la que llegaría al intermedio (14-12). El cuadro vigués había perdido frescura y su 6-0 cerrado ya no era impenetrable.
El decorado en el segundo periodo tuvo ya un mayor protagonismo local. Con Strazdas y Eitutis abriendo huecos en el más endeble bloque defensivo de los de Quique Domínguez, que ya no tenían más que los goles del gigante Kobin y el poderoso Rudovic, las ventajas locales comenzaron a crecer, sin prisas, pero sin pausas.
Los de Astrauskas apretaron aún más los dientes en defensa y el Pilotes comenzó a hundirse, irremediablemente, al toparse de modo continuo con la muralla ´naranja´ y derretirse su defensa como mantequilla.
Un parcial 4-0, con doble inferioridad del cuadro vigués, hizo que la ventaja toledana se fuera hasta los siete goles (25-18). El juego se tornó loco, sin dueño, y eso perjudicó más al Lábaro que vio cómo el Octavio, con todo perdido, se tiró a degüello y entre tanto correcalle y pérdidas de balón estrechó el electrónico, con Robin y Rudovic como únicos artilleros.
Astrauskas pidió un tiempo muerto a falta de siete minutos (29-25) para detener la sangría y aleccionar a los suyos, que a partir de ahí asentaron mejor sus acciones y pensaron en dejar correr el segundero.
En un último esfuerzo, cuando se ubicó a tres goles (31-28) a falta de dos minutos, el Octavio se topó con el portero local Diego Moyano y sus esfuerzos fueron baldíos, también porque el Lábaro se había hecho fuerte para sumar se segunda victoria, incuestionable.
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