26 de abril de 2009
26.04.2009
fútbol / reportaje

¿Crimen? y castigo

El gallego Joaquín Cortizo, que jugó en el Celta y como zaragocista recibió la sanción más dura en la historia de la Liga, sigue proclamado su inocencia medio siglo después de su supuesta entrada violenta a Collar

26.04.2009 | 02:00
Joaquín Cortizo, junto al portero, en una formación zaragocista de la época.

Figura en el primer puesto de las sanciones más rigurosas en la historia de la Liga, rescatadas en los últimos días al hilo del ataque de locura de Pepe ante el Getafe. Al madridista le han caído finalmente 10 partidos. Ni siquiera la mitad de los 24 que estuvo alejado de las canchas Joaquín Cortizo Rosendo por sentencia del Comité de Competición a finales de diciembre de 1964. El día 27 había lesionado a Collar, del Atlético, aunque Cortizo siempre defenderá que él ni siquiera tocó a su rival. Con aquella sentencia cambió para siempre la existencia de este ourensano de Ribadavia, que años antes del suceso llegó a disputar siete encuentros con el Celta.

Joaquín Cortizo tiene la cifra grabada a fuego. 24 partidos de sanción. "15 en Liga y 9 de Copa", concreta. Fue un preso que arañaba la cuenta de sus días en el muro de su celda. Lo sufrió en 1965, a los 32 años, cuando apuraba su tiempo como miembro del legendario Zaragoza de los "cinco magníficos". "Nunca volví a ser el mismo", asegura. Especialmente por el dolor que la injusticia le dejó. "Yo era inocente", repite hoy como entonces, devuelto a la actualidad por la comparación con Pepe.

Cortizo había nacido en Ribadavia el 4 de octubre de 1932. Se hizo futbolista en su villa hasta los 22, cuando el Celta lo captó. Su relación con los celestes fue breve. Disputó dos partidos en la campaña 56-57 y cinco en la siguiente. Y se mudó al Zaragoza, donde haría fortuna hasta aquella amarga tarde de invierno, en que todo se torció durante un partido contra el Atlético.

No lo supo en el instante preciso. "Fue un balón dividido y un choque con Collar. El árbitro no me expulsó ni nada". El rival se lamentaba sobre la cancha, con la pierna rota. Días más tarde el Comité de Competición lo sancionaba con esos 24 partidos de suspensión que aún suponen el récord en la Liga. "Fue por el Conde de Cheles, que era el presidente de Competición y a la vez el vicepresidente del Atlético. Una cacicada". Volvió a jugar, pero sufriendo en los campos el acoso de los que le llamaban asesino. "Collar, pese a que sabía la verdad, no se portó bien".

Cortizo dejó el Zaragoza y se fue al Jaén, donde agotó su carrera. Medio siglo más tarde sigue residiendo allí. Mantiene el vínculo con la tierra. "Hablo en gallego con mis hermanas en Ribadavia", asegura, pese a la extraña mezcla de acentos que se le detecta en el habla. "Voy todos los años el mes de agosto".

También sigue de cerca a su "Celtiña". "Hace mucho tiempo que no voy por Balaídos, pero estoy pendiente. Ahora no sé qué le pasa. Va muy mal, parece que se va a Segunda B.No levanta cabeza. Le gana cualquiera".

De civil ha sido constructor y miembro destacado de la sociedad jienense. "Como en Ribadavia, me conoce todo el mundo". Para su gente no es el tipo más criminalizado del fútbol español. Pero entonces llega Pepe, se refrescan los archivos y su nombre sale a relucir. "Me tienen mareado. Cosas de la vida".

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