28 de junio de 2008
28.06.2008

El "resucitado"

28.06.2008 | 02:00
Iniesta pugna con Arshavin por el balón. / Helmut Fohringer

Iniesta recuperó ante Rusia el nivel de genialidad que lo ha encumbrado

Andrés Iniesta resucitó en un momento clave en la historia de la selección española. Fue premiado como hombre del partido en la semifinal ante Rusia. El primer día en toda la Eurocopa que devolvió la confianza, la fe ciega que tiene en su fútbol Luis Aragonés.
7 de febrero de 2007. Old Trafford, el Teatro de los Sueños. En ese escenario mágico, Iniesta sacó su arte y firmó una genialidad, un gol que daba un triunfo anecdótico pero que le asentaba definitivamente en la selección. Ya era una estrella. Se había convertido en un hombre fijo de Luis.
Nunca, desde entonces, ha dejado de serlo. Iniesta integra un centro del campo de ensueño junto a Xavi, Cesc, Silva, futbolistas de fantasía siempre escudados por Senna o Xabi Alonso. La "mejor media del mundo", como dicen mil voces autorizadas del mundo futbolístico. Muestra su humildad, respetando siempre la decisión de Luis de escorarle a la banda derecha, donde no termina de estar cómodo, donde le cuesta desatar su fútbol.
Llegó Andrés débil a la hora de la verdad. No por la cantidad de partidos, ni por las decepciones de un año para olvidar en el Barcelona. Un virus a días de iniciarse la Eurocopa, le hizo perder tres kilos y, lo más importante, le cortó un ritmo que ha tardado en recuperar.
Ha llegado a estar desconocido en la Eurocopa. Desenchufado. Pero Luis nunca ha dudado de él. Confiaba en su regreso. Los grandes siempre vuelven y Andrés no le iba a fallar. Su imagen ante Rusia en el estreno, pese a dar una asistencia de gol, estaba alejada de la verdadera. No la mejoró ante Suecia, pero comenzó a entonarse con Grecia.
Fue el único titular que jugó. Necesitaba ritmo. Siempre sustituido por Luis, también en cuartos de final frente a Italia, nunca pasó del minuto 63 sobre el césped. Le faltaba chispa, pero llegó el momento decisivo y se reencontró consigo mismo.
Inició la semifinal pegado a la banda derecha y creció según se fue liberando. Se asoció con los bajitos que la tocan sin cansarse y con criterio. Volvió a asistir en el primer gol. A pocos le importa si la pegó a puerta o centró. Mucho menos a Xavi, que materializó el gol 500 de la roja en una fase final de Eurocopa.
Sin presión, tras ver que no era sustituido, desató su mejor fútbol para iniciar la jugada del segundo y el tercer gol, en las que se asoció con Cesc, otro jugador que no ha fallado a la hora de la verdad, en el momento en el que históricamente a España le temblaban las piernas. Son el descaro de una generación única.
"Más que Alemania, nos importa cumplir el sueño de España". Es el deseo de Andrés Iniesta, el futbolista del Barcelona que resucitó cuando más se le necesitaba para devolver a la selección española a lo más alto.

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