16 de junio de 2008
16.06.2008
Liga - Jornada 42 - Celta-Alavés

Otra deuda moral

16.06.2008 | 10:08
Jesús Perera intenta escaparse de los marcadores del Alavés.

El Celta desespera a sus aficionados en el último capítulo de la temporada con otro partido que estropeó de forma absurda tras tenerlo controlado - La desidia celeste condena al Racing de Ferrol a la Segunda División B.

CELTA DE VIGO 2 - 3 DEPORTIVO ALAVÉS

CELTA DE VIGO

Esteban; George Lucas, Lequi, Jonathan Vila, Agus; Vitolo, Michu (Diego Costa, m.79); Núñez, Canobbio, Guayre (Jorge, m.53) y Perera (Okkas,m.71).

DEPORTIVO ALAVÉS

Bernardo; Calderon, Mateo (Jairo, m.65), Coromina, Gáspar (Gabri, m.36); Sergio, Lacen, Toni Moral, Angel; Adrián (Miguel Perez, m.65) y Aganzo.

Goles

1-0 Min. 8: Canobbio; 1-1 Min. 66: Aganzo; 1-2 Min. 69: Gabri; 1-3 Min. 72: Toni Moral; 2-3 Min. 91: Núñez.

Árbitro

Alejandro Hernández Hernández, asistido en las bandas por Gustavo Mujica y Francisco Sarmiento.

incidencias

Encuentro correspondiente a la cuadragésimosegunda y última jornada de la Liga BBVA de Segunda División. 6.757 espectadores, según los datos del club, con casi un millar de hinchas alaveses. Lloviznó casi siempre y con intensidad durante algunos minutos.

Armando Álvarez / vigo

Deuda. El Celta actual se resume en este concepto. Quizá el proceso concursal aligere la deuda económica, pero el cierre de campaña agravó deudas morales que serán complicadas de saldar. El equipo ofreció a su hinchada una despedida triste, si bien coherente con la vida que ha llevado desde septiembre, y condenó al Racing de Ferrol a Segunda B. El club hermano había depositado su vida en las manos viguesas. Para su desgracia, escogió al peor aliado. El Celta le falló de forma vergonzosa por desidia, abulia y laxitud.

No es simple cuestión de cariño. Hace tres años, en una última jornada dramática, el Racing empataba en Eibar pese a no jugarse nada. El favor, aunque resultase innecesario a la postre, contribuyó a que el Celta atase el ascenso con mayor tranquilidad en Lleida. La generosidad departamental quedó registrada en la memoria del celtismo. Creyó la hinchada que podría compensárselo ayer. Hoy no puede mirar a la cara de sus vecinos por culpa de un grupo de jugadores carente de la dignidad que el lance requería.

Es cierto que el conjunto de Alejandro Menéndez no sorprendió a nadie. Sólo a aquellos ingenuos que confiaron en su supuesto orgullo. El partido respondió al patrón habitual, el que ha convertido a un candidato al ascenso en un conjunto mediocre, que concluye la Liga a dos puntos del descenso. Antes que soluciones futbolísticas, el club debe encontrar remedio a la molicie en sus nuevos fichajes.

Este Celta que concluye su vigencia, sin que nadie lo llore, está más carente de carácter que sobrado de talento. Lo segundo le permite adelantarse; lo primero le condena a ver cómo el rival remonta una y otra vez, en una especie de "deja vu" que irrita a los pocos fieles que siguen acudiendo al estadio. Perdonarían mejor la incapacidad que la dejadez. En realidad poco importa el nombre o la categoría del adversario. El Alavés lo consiguió moribundo, con un pie en la tumba.

La tensión bloqueó a los vitorianos en la primera mitad. El Celta, descargado de presión, trianguló con la suficiente frecuencia para hacer sangre. Canobbio empalmó con la diestra un buen centro de Núñez (los únicos detalles fuera de guión). El equipo local dispuso después de media docena de contras para sentenciar, una anulada por dudoso fuera de juego cuando Perera se disponía a embocar.

Tal dinámica prosiguió tras el descanso. En A Malata debían sentirse tranquilos según lo que les llegaba de la radio. Eso aumenta la crueldad del relato. Faltaban los cinco minutos malditos de cada jornada. El Celta se aletargó, se descosió por los flancos y prácticamente empujó al Alavés a que le acuchillase. El equipo fue encajando los golpes sin que en apariencia le doliesen. Ni siquiera como un boxeador sonado, sino como uno que se ha malvendido y apenas pretende disfrazar el soborno. Sólo la escasa parroquia reaccionó con ira. Núñez, de los pocos que siempre han portado la celeste con dignidad, acortó distancias cuando ya no quedaba tiempo para más.

El consejo de administración confía en que la Ley Concursal le permita sanear su economía a medio plazo. Hoy, con todo y pese a los muchos millones que se deben, parece más fácil sanar esa crisis que el divorcio con la afición. Ayer pedían un motivo para visitar Ferrol con la cabeza alta y lo único que han recibido es otra bofetada. El Racing, más allá de que sea responsable de su propio destino, se ha convertido en el principal acreedor del Celta. Y es difícil que acepte una quita. Todo el mundo desea olvidarse de esta temporada cuanto antes. Las lágrimas de A Malata lo impedirán.

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