Robinho vivió ayer su gran día. Tras un largo período de negociaciones entre el Real Madrid y el Santos brasileño, ya es jugador del club blanco, y desde su llegada a la capital de España, a las 6.00 horas de la mañana, revolucionó el sentimiento de la afición madridista que, con clima de euforia, dio al astro brasileño un recibimiento reservado sólo para los elegidos.

Alrededor de 150 aficionados coreaban el nombre del talentoso delantero apenas sin dormir en el aeropuerto de Barajas a su llegada a Madrid. Y más de 8.000 seguidores enloquecieron en el estadio Santiago Bernabéu viendo sus primeras diabluras con el balón. Y Robson de Souza "Robinho" no desdibujó ni un sólo segundo una gran sonrisa de su día más feliz.

Todo el sufrimiento de dos temporadas consecutivas sin títulos, la tristeza de eliminaciones europeas, de una Liga para el eterno rival. Todos los problemas del madridismo pasaron al olvido en un día en el que el aficionado del Real Madrid personalizó en Robinho sus nuevas ilusiones. El seguidor blanco ha recuperado la fe. Lo demostró cuando recibía con pasión en el aeropuerto de Barajas a su nueva estrella a las 6.00 de la mañana.

A las 9.00 horas, el nuevo delantero madridista superaba sin problemas el pertinente reconocimiento médico.

A las 13.30 horas, el momento más esperado, el de estampar su firma en el contrato que le une al Real Madrid por cinco temporadas, escoltado por Florentino Pérez y Alfredo Di Stéfano, presidente de honor.

Robinho seguía sin creer lo que veía. El acristalado palco de honor dejaba ver y escuchar la pasión de 8.000 aficionados que desafiaban al calor en el fondo sur del Bernabéu por ver a su nuevo ídolo.

Elogios en el discurso de bienvenida del presidente. "Estamos ante uno de los grandes jugadores del mundo. El fútbol puede ser muchas cosas y una de ellas es espectáculo. En este aspecto del fútbol fantasía es donde Robinho destaca".

A continuación, llegó la hora de saciar la sed de la afición. En el inmaculado césped desató su habilidad y magia con el balón. Mil malabarismos de Robinho eran coreados desde la grada, que incluso provocaba los saludos de un sonriente Florentino Pérez.

A Robinho no le importaban los espontáneos que intentaban abrazarle, sólo daba toques habilidosos a balones que chutaba en forma de regalo a las gradas. Era su día más feliz. Aunque promete muchos más en el Real Madrid.