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Fútbol / Primera Federación

¿Quién no firmaba esta temporada en agosto?

El Pontevedra firmó, en el año de regreso a la categoría, una campaña de ensueño en que lograron la salvación de forma muy holgada y que murió en la orilla del playoff de ascenso

La comunión entre grada y equipo, crucial durante todo el curso.

La comunión entre grada y equipo, crucial durante todo el curso. / Rafa Vázquez / FDV

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Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Pontevedra

Ningún aficionado que sienta al Pontevedra olvidará esta temporada de su equipo. Las caras largas de esta semana, en que la comida tiene menos sabor y las alegrías personales no terminan de ser plenas porque parte del alma sigue anclada en la noche del 23 de mayo, se convertirán, en no tanto tiempo, en rostros de orgullo granate. El equipo que había ascendido como líder indiscutido y que había doblegado a varios equipos del fútbol profesional en la Copa del Rey volvía a la tercera categoría del fútbol español con la humildad de sellar la permanencia. Un entrenador que su última presencia en la división acabó con su renuncia y su escuadra como colista momentáneo; una plantilla renovada casi en su totalidad, con solo seis jugadores mantenidos de Segunda Federación; y el asegurado pacto con el diablo de todos los granates por lograr la salvación de forma agónica en el último minuto de la jornada 38, después de la fallida experiencia en Primera Federación en 2023. Con esos tres pilares sobre la mesa de Pasarón, ¿quién no firmaba esta temporada en agosto?

Cuarenta partidos disputó el Pontevedra esta recién acabada campaña, al desestimar el Comité Nacional de Segunda Instancia de la Real Federación Española de Fútbol el recurso interpuesto por el club. Las 38 jornadas ligueras y dos rondas de Copa. En el campeonato liguero, los hombres de Rubén Domínguez completaron un balance de catorce triunfos, dieciséis empates y ocho derrotas. Dentro de esos impresionantes números, independientemente de ser un recién ascendido, se encuentran metas internas como una sola derrota en Pasarón, frente al Tenerife en la tercera semana de competición, o diez partidos imbatidos entre finales de noviembre y mediados de febrero, con seis victorias y cuatro empates. El episodio copero, muy alejado de la gesta de 2025, fue corto, pero trajo de vuelta a la ciudad a un equipo del fútbol profesional como el Éibar.

Dentro de las estadísticas del curso, el acierto goleador y la rocosidad defensiva fueron el sustento en la fase de empates descafeinados y el combustible para el asalto del Pontevedra en la tabla. Los lerezanos promediaron 1.28 goles anotados por partido y 0.81 tantos recibidos por encuentro. Este promedio, además de poner de manifiesto el trabajo de Rubén Domínguez y Adrián Abalo, los arquitectos del sueño, permite ver que el buen año de la plantilla es coral y extensible a todos los miembros. Dieciséis jugadores anotaron, al menos, un gol esta temporada y, en trece ocasiones, el equipo no recibió un tanto en contra.

Los resultados del curso son muy exitosos, por mucho que se alejase de forma incierta y amarga la matrícula de honor en plena fiesta por el playoff de ascenso. El Pontevedra superó la barrera de los 43 puntos con ocho jornadas de anticipación y no estuvo en peligro de caer a la zona baja en ningún momento de la temporada; prueba de ello es que el equipo jamás ocupó los puestos de descenso. De hecho, el puesto más bajo que ocupó fue el duodécimo lugar, tras la cuarta jornada de campeonato. A pesar de que no hubo premio con la promoción, el Pontevedra consiguió su boleto para jugar la próxima edición de la Copa del Rey al acabar entre los cinco primeros equipos de su grupo, excluidos los equipos filiales.

El dolor por el desenlace fatal pesa y duele, como es lógico. Cuando el orgullo florezca y convierta el violento recuerdo en malas hierbas, el granatismo será consciente de la gran temporada 2025-2026 que hizo su equipo y que las alegrías de cada domingo y el horroroso final lo han hecho estar, de forma más irremediable, enamorado del Pontevedra.

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