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Fútbol / Primera Federación

Un punto entre la alternancia

El Pontevedra empata en un derbi provincial muy competido e igualado, marcado por el dominio intermitente del juego por ambos equipos | El punto hace que el Celta Fortuna mantenga sus opciones de ascenso directo

Diego Gómez intenta rebasar a Anxo Rodríguez.

Diego Gómez intenta rebasar a Anxo Rodríguez. / Rafa Vázquez

Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Pontevedra

Las calles de la ciudad combinaron el granate y el celeste en búsqueda de un derbi espectacular, con garra y emoción, y en el que el clima vivido en las gradas se viese reflejado en el césped. Los equipos estuvieron a la altura y encabezaron una tarde de competitividad, alternancia en el dominio y mucho fútbol gallego.

La propuesta táctica de Domínguez fue muy diferente a la habitual, no por apostar por la línea de cinco en defensa, para igualar el sistema a su rival, sino por los elegidos para cada demarcación. Diego Gómez se ubicó en el carril diestro y Comparada y Alain compartieron el frente de ataque. Los celestes tuvieron que realizar cambios de última hora por la convocatoria de Hugo González y Antañón con el primer equipo. Así, Dela y Burcio formaron en la medular y Somuah partió de inicio en lugar del valenciano.

En un primer bocado de lo que sería el choque, los dos equipos saltaron eléctricos al césped con el objetivo de dominar desde el arranque. Presión alta, afán de protagonismo y gran intensidad; los planteamientos de cada escuadra para ver quién empezaba mandando en el choque. En esa vorágine, los granates se impusieron con una primera media hora en que el tempo fue impuesto por Yelko Pino y Facu Ballardo, ante un centro del campo celeste superado en la parcela física. Las oportunidades, también con los lerezanos como creadores de ellas, se producían principalmente por el costado derecho, en el que Diego Gómez estaba siendo diferencial en ataque e indetectable por su marca.

Cercanos a la media hora, Alberto Gil rompió al espacio desde medio campo y gozó de un mano a mano con Carrillo que Meixús, responsable de la marca del extremo valenciano, logró enviar a saque de esquina. De ese córner, para alegría granate y desgracia celeste, nació el primero de la tarde.

Yelko Pino sirvió, con su habitual maestría, un saque de esquina medido al segundo poste. Allí, Bosch cabeceó con potencia y Carrillo, con una mano de mucho nivel, despejó al balcón del área. Desde segunda línea apareció Ballardo para desatar la locura a la orilla del Lérez.

Con la victoria virtual, el Celta Fortuna dio un paso al frente y logró imponer su fútbol hasta el descanso. Pocas ocasiones y motivadas por Óscar Marcos, una complicada pareja de baile para Diego Gómez, tuvieron los de Fredi hasta el descuento. Sus arreones siempre se topaban con el mismo hombre, Miki Bosch, el verdugo del que nace el tanto del empate. Tras una primera parte imperial del zaguero, manteniendo a raya a Marín y el vilaxoanés, perdió el balón en campo propio ante Somuah, quien contemporizó y asistió a Óscar Marcos en el pico del área. El ‘19’, con la pausa propia de un veterano, recortó a su marca y batió a Marqueta con un genial derechazo al palo largo al que el arquero solo pudo mirar anclado a la línea.

Conscientes entrenadores y futbolistas del intercambio de golpes, los dos equipos fueron más sosegados al regreso del descanso. El fútbol protagonista y la lucha constante por el metrónomo siguieron, la irreverencia mutua disminuyó. La precaución se dilató, a pesar de los cambios de uno y otro combinado, durante veinticinco minutos en los que toda ocasión nació de los despistes individuales de las líneas defensivas. Sin haber un líder claro de ese ‘micropartido’, los célticos estuvieron más finos en creación durante ese tramo. El tiro de Somuah por banda derecha y el disparo de Anxo Rodríguez desde tres cuartos, ambos detenidos por Marqueta, fueron las mejores ocasiones hasta que el partido se abrió definitivamente.

A falta de veinte minutos, Pontevedra y Celta Fortuna abrieron el choque y transformaron el tramo final en una guerra explosiva y directa en la que los hombres de Rubén Domínguez se desempeñaron mucho mejor. La falta de tino, pese a las ocasiones creadas, con unos vibrantes minutos de Diego Gómez, Eimil y Resende, separó a los locales de hacerse con los tres puntos en un cierre de choque con el club de A Boa Vila volcado en busca del gol.

Una tarde de mucho fútbol gallego, reflejado en el brutal ambiente de ambas aficiones, en que la montaña rusa transitó por los brillos pontevedreses y los esplendores vigueses para premiarlos a ambos con un punto.

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