Natación
Con limitaciones y sin límites
La RAE define «límite», en una de sus acepciones, como «extremo que pueden alcanzar lo físico y lo anímico», y «limitación» como «acción y efecto de limitar o limitarse». Palabras de la misma familia léxica que Marcos Castro, con su día a día, demuestra que pueden ser contradictorias

Marcos Otero, con la bandera del CN Galaico, su club durante nueve años.

Marcos Castro Prado (Pontevedra, 2004) fue un niño prematuro, con seis meses de gestación, condición que, sumada a la falta de oxígeno, le derivó en una parálisis cerebral. A esta discapacidad, cuya afectación motriz principal es en las extremidades, se le suman otras dificultades derivadas de ella como la dislexia severa que padece.
Estas patologías, evidentes limitaciones en su vida, sin embargo no le han hecho ponerse límites a la hora de vivir. El pontevedrés nadó durante más de ocho años en el Club Natación Galaico, con el que compitió más de siete años y llegó a ser campeón gallego en varias ocasiones, y, en la actualidad, es estudiante del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Facultad de Ciencias da Educación e do Deporte de Pontevedra. No contento con ello, el pasado fin de semana, tras un año alejado del agua, se colgó la medalla de oro de cincuenta metros braza en los Campeonatos de España Universitarios celebrados en la Universidad de Granada.
El mundo de la natación llegó a la vida de Marcos como una recomendación terapéutica. El medio acuático resulta especialmente adecuado para el tratamiento de su discapacidad, por lo que, desde bien pequeño, pasó muchas horas en la piscina haciendo ejercicios de rehabilitación para mejorar su movilidad en los brazos y las piernas. La casualidad le llevó a que en esas mismas instalaciones en que él mejoraba a cada brazada y patada, entrenase el Club Natación Galaico, quien le abrió sus puertas en 2016 para incorporarse a sus filas.
«Como tenía que pasar mucho tiempo en el agua y era muy bueno para mi día a día y mi salud, pensé que algún día podía llegar a estar nadando con ellos [CN Galaico]. Cuando ya me vi medianamente preparado, y nadaba un mínimo, fuimos a preguntar y Cano, el presidente en aquel momento, nos dijo que si flotaba era más que suficiente», relata el protagonista sobre sus inicios en el agua y fichaje por el reconocido club lerezano.

Marcos y Chano, en abril de 2023. / FDV
Sus dos primeros años en el equipo fueron solo de entrenamientos, sin entrar en competiciones, en parte por la falta de pruebas de natación adaptada en el panorama autonómico a las que poder inscribirse. Participó en algunos trofeos internos del club y en torneos benéficos, pero su competición oficial fue en Valencia. «Aquí no estamos acostumbrados a ver a gente puramente de adaptada y te sorprende la cantidad de discapacidad que hay, el nivel que hay y te das cuenta de que tienes un mundo por delante y mucho que trabajar», confiesa sobre sus sensaciones en aquella prueba de 2018.
Desde ese debut deportivo, su carrera fue cogiendo forma hasta coronarse en varias ocasiones como campeón gallego y poder ir con el equipo absoluto. Castro reconoce que cuando era niño terminaba su rehabilitación, los miraba como si fueran gigantes inalcanzables y que conseguir llegar a competir con ellos fue un sueño cumplido.

Marcos Castro, a la derecha, con su medalla de oro lograda en Granada. / FDV
Casi nueve años después de su llegada al CN Galaico, cuando la vida académica y deportiva chocaron entre sí, se vio en la obligación de tener que despedirse del que fue su hogar en gran parte de su vida. Su vinculación al deporte cambió de forma, pero se mantuvo intacta al querer estudiar CAFYD en Pontevedra, como su padre. «Haber estado vinculado desde tan pequeño al deporte hizo que me gustara y pensara en dedicarme a algo de esto. Tuve la suerte de que mi padre era profesor de Educación Física y había estudiado aquí en Pontevedra, por lo que me informé, pregunté y siempre me gustó la opción de ser profesor», comenta el universitario.
Como en el agua no lo fue su discapacidad, en las aulas no le limitó su dislexia en la vida estudiantil para poder cursar la carrera que quería. La dedicación, el esfuerzo incesante y la cabezonería, confiesa, fueron las claves de estar ahora en las aulas de la Universidad de Vigo.
Un pontevedrés ejemplar, un luchador en la vida, un nadador plagado de éxitos deportivos, un futuro gran docente y, sobre todo ello, alguien que no se puso límites ante sus limitaciones.
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