Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ilusionarse es lo mínimo

El Pontevedra se hace fuerte en casa y se impone con autoridad sobre la Ponferradina, mejo equipo de la segunda vuelta | Los tres goles de la tarde, obra de Alain Ribeiro; primer hat-trick de su carrera

Alain Ribeiro celebra su tercer gol de la tarde.

Alain Ribeiro celebra su tercer gol de la tarde. / Rafa Vázquez

Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Pontevedra

Es imposible mantener la calma y ser estoicos cuando la realidad es tan emocionante como lo es. A pesar de que Rubén Domínguez y su cuerpo técnico son partidarios de tener los pies en el suelo sin importar el resultado, los asistentes a Pasarón salieron por las puertas del estadio con los ojos brillantes y presos de ilusión después de una nueva victoria en casa ante un rival de la talla de la Ponferradina y del buen nivel que mostró ayer el Pontevedra, que regresa a puestos de play-off.

Como anunció en la previa del partido su entrenador, el Pontevedra realizó varios cambios en el once esta jornada. Sorprendió el dibujo tan definido en defensa, con Eimil y Cuesta como carrileros; el ataque con extremos, enganche y punta; y la titularidad de Alain Ribeiro en esa demarcación de delantero centro. Una participación, la del sopeloztarra, que, a juzgar por las tres dianas, dio sus frutos.

Desde el primer minuto, el cuadro granate demostró tener ganas de dominar y hacer daño en área rival ante una Ponferradina que se vio muy superada por el ímpetu local. Alberto Gil dio el primer aviso pontevedrés con un tímido disparo tras una combinación grupal con Yelko Pino y Rubén López. Parecía que el primero de la tarde podía llegar a balón parado con una doble acción lerezana, con Montoro y Eimil implicados, que el pie salvador de Borja Valle en la línea de gol y el larguero, respectivamente, iban a frustrar.

En el saque de esquina posterior, Yelko centró al primer palo, Vidorreta taconeó al segundo y Ribeiro adelantó a los suyos en Pasarón. El vendaval gallego era evidente y, en un lapso de diez minutos, Ribeiro marcó dos tantos más, aunque el primero de esos acabó siendo anulado por fuera de juego. El dos a cero que sí subió al marcador llegó desde el punto de penalti. Yelko Pino botó un libre directo al área berciana para que Novoa y Alain peleasen por el balón dentro del área. El ‘3’ tocó con el brazo el esférico en esa acción y, tras la revisión solicitada por el banquillo liderado por Adrián Abalo, el colegiado rearbitró la acción y señaló el punto de penalti. Alain Ribeiro fue el encargado de transformar esa pena máxima en el segundo de su equipo y de su cuenta particular. Un golpeo templado y al centro que engañó por completo a Ángel Jiménez.

Con dos goles de diferencia y tras un monólogo de media hora en que los hombres de Mehdi Nafti contaron con la mínima posesión, el Pontevedra bajó una marcha. Esta bajada de tensión permitió a los ponferradinos estirarse y poder proyectar su juego hacia delante. La volea de Esquerdo, único disparo del primer tiempo, cuando agonizaba el cronómetro, es prueba de ello.

Ese estado de calma y tranquilidad por parte del Pontevedra y esa mayor presencia en campo contrario de la Deportiva se mantuvo después del descanso. Fue en una acción aislada de falta en la que los blanquiazules recortaron distancia en el luminoso con un golpeo sublime de Andoni López desde treinta metros, que se coló por la escuadra de Raúl Marqueta sin que el maño pudiera hacer mucho para evitarlo.

Parecía que la media hora que restaba al choque iba a ser de presión enfermiza del conjunto berciano en busca del empate. Nafti, de hecho, reforzó ese último tercio después del 2-1 con esa intención. Gol hubo, se sabe por el resultado del choque, y no fue el del empate. El protagonista, por tercera vez en el partido, fue Alain Ribeiro. Diego Gómez, en una internada por banda derecha, sirvió un centro al área pequeña y, con una templanza pasmosa, el ‘6’ controló el balón y lo envió a la portería con el exterior de su bota izquierda. Veinte minutos restaron a la contienda y, sin muchos brillos, fueron sucediéndose los segundos hasta los tres silbidos finales.

La victoria se quedaba en Pasarón, el índice de ilusión se disparaba en Pontevedra y Alain Ribeiro, incrédulo ante el primer hat-trick de su carrera, se llevó el balón a su casa después del importante triunfo, con exhibición individual incluida.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents