FÚTBOL | Primera Federación
Resurrección y golpe sobre la mesa
El Pontevedra consigue ganar después de dos meses sin victorias en una tarde sólida con dominio local en las dos áreas | Comparada, antes del descanso, y Resende, en el descuento, anotaron los goles

Álex Comparada celebra el primer gol de la tarde. / Gustavo Santos

Nunca en la historia del fútbol se vio que los malos resultados o marcadores mejorables fuesen eternos y el Pontevedra, consciente de ello, se impuso ante un rival en tan buen momento como el Barakaldo desde la solidez y orden en medio campo, y, la mayor pegada y acierto en las áreas. Una tarde, con aroma a punto de inflexión, tras un febrero y marzo sin triunfar, en que los granates mostraron ese fútbol ofensivo, físico y peligroso en transición característico.
Las novedades en el once titular fueron Facu Ballardo, que debutaba como titular con la elástica pontevedresa, y Diego Gómez, que partiría de enganche a diferencia de su habitual rol en banda derecha. El césped, asunto de importancia cada temporada, se encontraba mucho mejor que en ocasiones anteriores, lo que se vio reflejado en la importancia del centro del campo en el desarrollo de la trama.
El plan de partido era muy similar en ambas escuadras: presión alta, ganas de ser protagonistas con balón y ser incisivos en ataque. En ese contexto de pugna por la en la medular, la madurez y criterio de Yelko Pino y Facu Ballardo fueron capitales para que el Pontevedra comenzase a ver puerta antes que su rival. Ese control de los centrocampistas fue apoyado de forma brillante por los desbordes de Diego Gómez, Luisao y Comparada. El amoeirés protagonizó el primer acercamiento del partido con un mano a mano servido por el ‘12’ que Dufur, con una carrera a la desesperada, logró desviar antes del golpeo.
Sin muchos disparos, y todos con el sello local, el choque dilató esa fase de pelea física que solo un tanto sería capaz de desatascar. Yelko pasó el balón a Comparada, que con un toque sutil habilitó a Luisao Macías para pelear por el balón ante su marca y encarar al portero. El ‘17’, en la disputa, se llevó el balón, enfiló el arco de Campos y rompió el empate. La acción fue señalada en primera instancia por Ramo Andrés como falta y gol anulado. Tras la revisión del cuarto árbitro y del propio aragonés, la decisión se mantuvo ante la incredulidad y asombro de plantilla y cuerpo técnico. En ese clima de crispación, Rubén Domínguez vio la tarjeta roja por protestar.
Con Abalo en pie y Domínguez en Tribuna, el partido siguió en esa justa alrededor del círculo central. La idea, clara desde el principio, de buscar la espalda y combinación rápida acabó con el resultado esperado. Yelko, en tres cuartos, vio el desmarque de Luisao en banda derecha y le sirvió el esférico, Macías encaró desde línea de fondo y centró hacia Comparada que, con el pie y previo toque con el poste, desató la locura en el municipal.
La falta de posesión en la primera mitad obligó a Imanol de la Sota a tomar la decisión drástica de hacer un triple cambio para el segundo tiempo. El refresco desde el banco despertó a los gualdinegros en la segunda parte, que se imponían en esos duelos con Pino y Ballardo y amenazaban el arco de Marqueta. Los gallegos, lejos de amedrentarse, sabían que, en ese fútbol más arriesgado, la posibilidad de sorprenderles a la contra era mucho más probable. Los baracaldeses ganaron confianza con el paso de los minutos, aunque sin crear en exceso. Prueba de ello es que la mejor ocasión, antes del final a tumba abierta, fue de Resende en un contrataque desde campo propio en el que pecó de tranquilidad y acabó perdiendo el balón antes de disparar.
Como es habitual en estos casos, los diez minutos finales acabaron con los corazones de ambas hinchadas a los que el paso de los minutos se les hacía muy lentos a los locales y muy rápidos a los visitantes. El Barakaldo se descargó en la portería de Marqueta todo lo que pudo y más; la manifiesta oportunidad de Valiño a pase de Mandiang es la firme prueba de ello. El premio no llegaba y en el arrebato final, Campos subió a rematar un centro en el descuento para agotar sus vías. Hubo gol, no el esperado en Sur. La zaga pontevedresa despejó el libre directo y con una contra comandada por Álex González, cuya calma evitó el fuera de juego en el pase, Resende condujo hasta el área y batió a placer.
Dos meses después, el Pontevedra ganó, demostró, superó los 45 puntos y dio un golpe sobre la mesa con el que el playoff deja de ser un sueño y se convierte en un objetivo.
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