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Con medias mitades no es suficiente

El Pontevedra vuelve a empatar sin goles en liga tras un partido en que las llegadas se concentraron en los veinte minutos iniciales de cada parte | Álvaro Ratón, providencial para que su equipo lograse un punto

Alain Ribeiro se lamenta durante el partido.

Alain Ribeiro se lamenta durante el partido. / Gustavo Santos

Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Pontevedra

Es imposible que un equipo mantenga una racha positiva durante todo el curso, al igual que de las espirales más complejas siempre hay salida. Al final, todo se nivela en el transcurso de toda la temporada. Ni en diciembre a la orilla del Lérez jugaba un equipo perfecto sin fisuras, ni ahora, que las victorias se resisten más de lo debido, es momento de dudar de un equipo que ha invitado a toda una ciudad a soñar cosas grandes. Tercer cero a cero consecutivo del Pontevedra en una tarde donde los momentos de esplendor y dominio se concentraron en la primera mitad de cada parte. Las segundas mitades de ellas, en cambio, fueron enfrentamientos planos, trabados y sin llegadas con ninguna pizca de peligrosidad.

Rubén Domínguez no realizó grandes cambios en el once. La única y obligada novedad fue Víctor Eimil, que partió en el volante diestro por la baja del sancionado Diego Gómez. La disposición táctica sí que sufrió un leve cambio. Los granates jugaron con un 4-1-3-2 con un Rubén López como pivote defensivo más posicional y Yelko como un mediapunta definido, a diferencia del 4-2-3-1 habitual.

El partido no pudo comenzar mejor para el combinado local. La explosividad y afán de protagonismo con el que saltaron al césped los locales, se hizo presente desde el mismo inicio. La genial conducción de Rubén López, con un eslalon sobre tres rivales, habilitó a Comparada para abrir el marcador. El punta cumplió, sin embargo, el colegiado anuló el tanto por una falta previa de su compañero en esa gran acción individual. Los lerezanos tenían hambre y así lo estaban demostrando. Víctor Eimil, después de una combinación por banda, tuvo en sus botas el tanto en un mano a mano. La pausa por estar pendiente de la aparición de su compañero desde segunda línea fue su perdición, ya que Álvaro Ratón, destacado del cuadro miñoto, pudo aguantar el mano a mano y repeler el tardío disparo. El Ourense estaba expectante y era incapaz de apaciguar el aguacero. De nuevo Comparada, a los veintiún minutos, anotó un efímero gol que fue anulado, en esa segunda ocasión, por fuera de juego del cesureño. Ese no gol desató la calma absoluta y el notable tramo que restaba hasta el descanso fue indigesto y, aunque con control granate, con nada que destacar. La revisión por un manotazo de Yelko sobre Amín, que no fue a más, el suceso más reseñable de esos veinticinco largos minutos.

Lo esperado, sucedió. La vuelta de los vestuarios trajo consigo un Pontevedra que volvía a tener esa pegada imponente del principio del choque. Comparada, muy solidario en el juego de espaldas y principal protagonista en las ocasiones de su equipo, tuvo un mano a mano que se estrelló en las piernas de Ratón. Yelko Pino probó suerte desde tres cuartos con un golpeo envenenado que el arquero visitante envió a saque de esquina con ciertas complicaciones. Ese córner desató la locura en el banquillo granate, que solicitaron el FVS por una posible mano dentro del área. Como suele ser en estos casos de retractarse, el árbitro mantuvo su decisión.

Ese no penalti fue el punto de inflexión de la segunda parte. Esa entrada arbitral frenó un partido que volvía a su fase en que los sucesos deportivos desaparecieron. Los más de veinticinco minutos que faltaban estuvieron marcados por los ataques frustrados y las posesiones cortas ante las constantes interrupciones. La roja de Jerín Ramos por doble amarilla en cuatro minutos, obligó al Pontevedra a dar un paso al frente que no tuvo la rotundidad necesaria para dejar los tres puntos en su casa. Las internadas por banda regresaron a la base de la jugada o acabaron en posesiones para los ourensanos. En el descuento, Rubén Domínguez acudió al videoarbitraje para ver si el pisotón sobre Alain Ribeiro en el área era castigado. No, no lo fue.

Las diez últimas jornadas son las que definen temporadas y el Pontevedra, si quiere soñar en vida, debe encontrar la fórmula para que el blindaje de su portería vaya acompañado del desbloqueo de la meta rival.

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