Actuaciones e interpretaciones
Dos acciones soberbias de Yelko Pino y Nico Reniero suponen el reparto de puntos en el derbi | El Pontevedra se adelantó el el descuento, pero el colegiado anuló el tanto por fuera de juego previo

Los jugadores granates felicitan a Yelko por su gol / Gustavo Santos

Con la misma sensación de hartazgo, cansancio y desconcierto que en la última cita en casa abandonaron los hinchas locales Pasarón. En un nuevo acto de fe, entre las pocas soluciones que da un sistema de videoarbitraje incompleto e ineficaz, se evaporaron los tres puntos para los granates en el descuento por un fuera de juego que dejaba la explosión del municipal lerezano en una manifestación vacía y sin respaldo en el marcador.
Condicionado por las bajas, Rubén Domínguez apostó por Garay en lateral izquierdo y Rubén López, adecuado ya al ritmo del grupo, en el centro del campo junto a Yelko. Por su parte, Yago Iglesias, quien regresaba al sitio que hace poco llamaba hogar, se vio en la obligación de salir de inicio con Jorge González, por el lesionado Víctor Pastrana,y reservar a algunos futbolistas, que entraron en la convocatoria a última hora, para la segunda mitad.
El ambiente de derbi gallego tardó muy poco en hacerse notar dentro del campo. Las gradas, al igual que el casco viejo de la ciudad, teñidas de granate en su mayoría a excepción de la legión albivermella situada en Fondo Sur. Desde el pitido inicial, el Pontevedra salió a dominar por todas las vías que podía. Los costados, con los centros de Alberto Gil y las internadas de Diego Gómez, estaban sedientos de una sangre que no terminó de llegar pese a las raciones servidas. Salvo algún susto de la defensa pontevedresa, ningún peligro real de los visitantes.
Ese vendaval ofensivo que pilló a contrapie a los miñotos se calmó pasada la media hora de encuentro, en parte, por la reubicación de Álex Gallar mucho más cercano a los mediocentros que en la banda, de donde partió de inicio. Esa inofensividad de los lucenses se trasladó a los pontevedreses y sin estímulos llegó el descanso.
Ese desarrollo soporífero se mantuvo con la reanudación del partido hasta el momento en que la Caja de Pandora, conocida FVS, se abrió para alterar por completo el partido. Amonestado previamente, Samanes, que llegaba poco más de veinte minutos en el césped, golpeó en el rostro a Garay. Una acción que tuvo que reclamar Domínguez en busca de la expulsión y que, con el debido suspense, dejó en inferioridad numérica a los amurallados.
Con el Lugo centrado en no crear huecos dentro de las líneas, el Pontevedra, empujado por su gente, aceleró su juego, ya orientado más al centro-remate por el estado del campo. Enfilado los últimos capítulos de la novela, Yelko Pino, en un libre directo en la frontal del área, mandó con mimo y casi a cámara lenta el balón a la escuadra. Martínez solo alcanzó a rozar el prodigioso tiro del vigués. Pasaróne ra un clamor. Vítores, constatación de la de superioridad sobre el adversario y un equipo que estaba a muy poco de llevar los tres puntos. Tan estridente fue el vocerío como efímero. Reniero, en el segundo y último disparo que tuvo su equipo, pilló adelantado a Marqueta y con una folha seca devolvió el empate al luminoso.
Cinco minutos más descuento restaban para ver quién hacía mejor los deberes a última hora y se quedaba con el triunfo. El Pontevedra, que fue superior en el cómputo global del choque, quería por todos los medios esos tres puntos y, por instantes, los tuvo. En el ocaso de la prolongación, y tras un caótico segundo balón en el área de Marc Martínez, Miki Bosch hizo estallar a todos los presentes en Pasarón menos a uno: el linier. Con el banderín en alto, el asistente señaló posición adelantada de Vidorreta antes de que el balón alcanzase ese desorden. Pasado el suspense generalizado en la revisión con el videoarbitraje, la árbitra mantuvo la decisión de anular el gol del central valenciano.
Una semana más en su casa, sin entender nada, el Pontevedra tocaba los tres puntos con los dedos y se le esfumaban segundos después por interpretaciones arbitrales rigurosas que empañaban una buena actuación coral del grupo.
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