Balonmano / División de Honor Plata
«Todavía no hay temor por el descenso; sí, preocupación»
Desde hace siete años, el banquillo cisneísta tiene su nombre. Con él, la entidad tocó el cielo disputando dos temporadas en Asobal. En la últimas semanas, los resultados no están acompañando y las miradas están apuntando a la zona baja

Marcos Otero ‘Quiños’, esta temporada en un partido de liga. | GUSTAVO SANTOS

A principio de temporada se hablaba del ascenso, pero con los últimos resultados parece más complicado. ¿Cómo se gestiona eso dentro del grupo?
Dentro del grupo, la verdad, el ascenso nunca se mencionó. Los equipos han mejorado muchísimo y estamos muy lejos de clubes como Burgos, Sagunto, Sevilla u OAR, que tienen plantillas de dieciséis profesionales, mientras que nosotros somos tres o cuatro y, el resto, gente joven. Siempre soñamos con que el desarrollo de los jóvenes sea bueno y poder competir por la mitad alta de la tabla, pero ahora mismo somos el noveno o décimo presupuesto de la categoría y pensar en el ascenso es más una quimera que una realidad.
Más allá del objetivo actual, han tenido contratiempos importantes desde el inicio. ¿Hasta qué punto les han condicionado?
Mucho. Nos llevamos un palo gordo nada más empezar la liga, porque perdimos para toda la temporada a dos de nuestros jugadores más importantes. Luego, en el mercado de Navidad, se nos fue otro jugador a la Asobal tras pagar la cláusula. Al final pierdes a tres jugadores con rol de titular y los objetivos hay que ajustarlos. Aun así, los resultados no están siendo los que nos gustan.
¿Cómo valora las salidas y las llegadas en este mercado invernal?
Este ha sido, desde que llevo en esta categoría, el mercado más difícil. Se ha movido muy poco, con cifras complicadas. Hemos mirado muchísimos jugadores, pero o no llegábamos económicamente, o elegían otros clubes con mejores ofertas, o simplemente decidían irse a otro sitio. Dentro de lo que había, creo que hemos acertado lo máximo posible. También hay más equipos con jugadores y, aun así, nos hemos reforzado más o menos bien para tener una plantilla de unos catorce jugadores, con algo más de rotación.
¿Qué buscaba con los nuevos fichajes en actual la plantilla y cómo está siendo la adaptación al grupo de estos?
El cambio en el lateral izquierdo, de Marko por Santi Bedoya, era necesario porque Marko no acababa de meterse en la línea del equipo. Santi es un chico joven que tendrá un periodo de adaptación que, por desgracia, debe ser lo más corto posible. La salida de Guilherme Linhares fue dura e importante. Bruno Landim es un perfil distinto a Guilherme. Hemos traído a un buen jugador. Han llegado con la segunda vuelta empezada y esas semanas de pretemporada se han perdido. En una competición que no perdona, hay que adaptarse cuanto antes e intentar hacer lo máximo posible.
En un momento en el que, de los últimos nueve partidos registraron una victoria, un empate y siete derrotas, ¿cómo se trabaja desde la parcela técnica para levantar la moral?
Tratamos de apretarles y de hacerles conscientes de que la situación no es sencilla, y sobre todo de evitar los errores no forzados que a veces nos llevan a derrotas que no deberían ser así. Hay que valorar cada partido, pero muchos tienen un patrón común. Hacemos una primera parte de muy buen nivel, defendiendo bien, y luego encadenamos un parcial en contra. Ahí se pierde un poco la conciencia de equipo, entra la ansiedad y empezamos a jugar más individual que colectivamente, y eso provoca el error. Trabajamos situaciones en el día a día para que sean conscientes, pero sin meterles una presión excesiva. Es complicado cuando juegas con chavales de diecinueve o veinte años. Intentamos darles confianza, que se olviden de los errores y se queden con lo bueno.
En casa han sacado la mayoría de los puntos. ¿Qué papel juega la afición en este tramo final?
En casa siempre ayuda. Es un pabellón grande y no somos una afición numerosa, pero la gente que viene nos apoya muchísimo, sobre todo el esfuerzo. Saben que habrá errores, porque el balonmano es un juego de errores, pero lo que quieren ver es actitud. Nos quedan diez partidos y seis son en casa. Esperamos que el pabellón sea un factor fundamental.
Aunque es pronto para sacar conclusiones, ¿Existe temor al descenso con un vestuario mayoritariamente joven y poco habituado a las situaciones adversas?
Temor como tal, todavía no. Responsabilidad, siempre. Hace ya cinco jornadas que mantenemos una distancia y, por suerte, los rivales de abajo tampoco están sumando mucho, así que conservamos la renta. Sí hay preocupación y ganas de sacar puntos cuanto antes. Yo creo que necesitamos ganar unos cuatro de los diez partidos que quedan e intentar llegar a veintitrés puntos. Con eso, prácticamente, podríamos lograr la permanencia. Preocupa, sobre todo, cómo se van a dar los partidos. Ante el Zaragoza era una final clave, hicimos un buen partido y lo tiramos por parciales y por perder esa conciencia en momentos que no tienen sentido.
En los deportes colectivos, cuando llegan momentos críticos, suele ponerse el foco en el entrenador. ¿Siente que peligra su cargo?
No. Creo que el club es consciente de las circunstancias de esta temporada. Con gente tan joven se pueden cometer errores, también desde la parcela técnica, pero siempre han mostrado confianza en mi trabajo y en el día a día. Y eso también es lo que deben transmitir a la plantilla. No siento el puesto en peligro por el tipo de club que somos y por la confianza en el trabajo diario. Sí que hay una responsabilidad personal por no estar consiguiendo a veces los objetivos.
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