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Arranques, paradas y silbidos

Empate en Pasarón tras una mañana marcada por las interrupciones arbitrales y un gol anulado en el descuento

Arranques, paradas y silbidos

Arranques, paradas y silbidos

Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Pontevedra

Para que un partido de fútbol profesional se celebre se necesitan veintidós jugadores, los protagonistas del partido, con afán competitivo y un árbitro que dicte sentencia en favor de la norma desde un rol secundario y accesorio. Cuando estos papeles se invierten y el juez imparcial apuesta por la constante intervención y pausa en el desarrollo de la trama, poco pueden hacer los efectivos sobre el campo para brillar. Noventa minutos, incluido el bis que levantó al respetable pontevedrés en el descuento, duró el concierto para silbato del palentino.

Obligado por las lesiones y el estado de terreno de juego, Rubén Domínguez cambió por completo el esquema de juego y apostó por la línea de tres defensores con carrileros y dos extremos como interiores. La propuesta le salió de maravilla. Veinte minutos indómitos de su escuadra en que, tanto por dentro con Alberto Gil y Diego Gómez rompiendo líneas, como con Cuesta y Vidorreta por línea de fondo, sometieron a un filial blanco que era incapaz de asimilar que el tema estudiado para el duelo no era el mismo que el que le tocó el día del examen. El dominio gallego era tan evidente como estéril. Un golpeo al travesaño de Comparada, tras una internada sublime del ‘21’ grana, fue lo más destacado de ese vendaval.

Esa insistencia se fue apagando conforme llegaba el descanso y los madrileños sí que pudieron dar algunas pinceladas de su juego por los exteriores. También, sin peligro, y de hecho, sin ocasiones reseñables. Mención honorífica a Román Román, que amenizó ambos despliegues con un repertorio de faltas poco contundentes que imposibilitaban las posesiones largas para ambos comandos.

La lesión de Comparada al término de la primera mitad obligó a Domínguez a realizar una nueva reforma sobre su idea renovada. Así, Alberto Gil se incrustó en la medular como interior zurdo y Gómez y Resende atacaron en una doble punta. Con ese planteamiento, los locales empezaron a buscar romper líneas y sorprender desde media distancia por el carril central. Razón de peso en ello también, la falta de un ‘nueve puro’. Desde el colectivo arbitral la decisión de castigar todo contacto se mantuvo intacta, para desesperación de Domínguez y sus chicos.

El cambio táctico devolvió el control total del ritmo a un equipo pontevedrés que, por dentro y a la espalda de la zaga capitalina, sí era capaz de finalizar acciones. Yelko Pino, con un golpeo medido raso a la derecha tuvo cerca el gol. Solo la estirada de Fran González, elevado a la condición de salvador por los merengues y de cizañero por Fondo Norte, privó al vigués de celebrar en casa. Las intervenciones entre medular y zaga de Diego Gómez eran un quebradero de cabeza para López de Lerma, que solo el pie de su portero en un mano a mano con Gómez le salvó de que el Pontevedra se pusiese por encima en el minuto sesenta.

Mordiendo sin cesar entre silbidos, los convertidos en banda sonora del enfrentamiento de Román Román y los proferidos por los casi cuatro mil espectadores al recital digno de un conservatorio, el último minuto de juego reglamentario tuvo uno de esos lances definitorios en los que, para nueva confusión del juez de campo, los focos le iluminaron en exceso.

Saque de esquina botado por Yelko Pino al área pequeña, Luisao forcejea con su marca -Perea- y el ‘6’ madridista repele el esférico, Resende asesta un con el rechace y gol del Pontevedra. Iracundo el estadio, con dos celebraciones simultáneas de los jugadores y cuerpo técnico en el césped, el linier, pasado un tiempo prudencial, levanta el banderín por fuera de juego. Caos y bronca a partes iguales desde ese instante hasta que, tras la revisión de la jugada por el cuarto árbitro, colegiado principal y el propio juez de línea, Román Román brinda a sus oyentes una polémica anulación por fuera de juego posicional del ecuatoriano, el cual no influye con su posición ni en el despeje del defensa (sí con la pugna, pero fue señalado como falta), ni dificulta la visión de González.

Siendo superior, reinando entre las cortas posesiones lastradas por los cortes del ritmo y sin entender el porqué del tanto anulado, el Pontevedra logró un ácido empate y su décima semana sin caer.

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