Una tarde de resistir, levantarse y aplaudir
El Pontevedra se lleva un derbi muy especial gracias a su solidaridad defensiva y una madurez indudable de todos los integrantes de la plantilla | Los granates lograron su cuarta victoria consecutiva y quieren seguir soñando

Fondo Norte celebra ante sus héroes el gol de la victoria. | Rafa Vázquez

No son noventa minutos, son la prueba de la belleza y maravilla que es este deporte. Una semana de rivalidad persistente e incesante, 8.500 espectadores alentando a los suyos con el alma, dos banderas de sangre gallega enemistadas por lo que sucedía en el pesado pasto de Pasarón y un ganador. El Pontevedra, en una lección de cómo aprovechar los recursos, apretar los dientes en la dureza y de entender el fútbol desde pasión casi irracional, se llevó el derbi.
El colegiado dio el pitido inicial a las 16.30 horas. El partido, en cambio, comenzó en el calentamiento. Dos escenarios separados por la vertical del verde que se retroalimentaban en quién daba más por su escudo. Gran privilegio de Tribuna y Preferencia poder ver los tres espectáculos en simultáneo: los fondos repletos y el partido.
A la media hora rodó el balón de manera oficial. Sorprendente el cambio de dibujo de Rubén Domínguez con un 4-1-4-1 en que Montoro fue mediocentro defensivo y Alain, central. Ningún equipo quiso dar un paso en falso y, con timidez y sin pegada, los racinguistas desplegaron levemente su juego vertical, de presión alta y de castigo del rival. Salvo un mano a mano de Álvaro Juan que Marqueta, impecable toda la tarde, pocas ocasiones llegaron hasta el no penalti.
Vidorreta cae en el área, Yelko avisa a Domínguez que pida la revisión. No llegó a recibir el improvisado lateral diestro y no hubo penalti. Sí hubo premio. La pausa aplacó el inicio ofensivo y sin mordida visitante y de ahí llegó la primera vez que Pasarón se levantó del asiento. Saque de esquina de Yelko Pino servido y troceado en el área pequeña para que Alain Ribeiro, quien se zafó de su marca, cabeceara el esférico al fondo de la red.
El conjunto de Pablo López no entendía nada, tenía mayor despliegue de medios en ataque, estaba insistiendo más en última línea e iban perdiendo. Casi tan importante como el gol fue la actuación memorable, sacrificada y solidaria de los once futbolistas hasta el descanso. El Racing de Ferrol tomó las riendas del balón tras el 1-0 y con constantes pases de lado a lado desgastaron a un equipo granate que, aunque prefería no estar tan incrustado en bloque bajo, estaba anulando las virtudes rivales. Azael y Álvaro Giménez, los únicos disparos a puerta de los verdes en el primer tiempo, pugnaron sin éxito por el empate ante el inexpugnable guardián del arco grana.
Quince minutos de descanso dieron oxígeno al Pontevedra y armas al Racing de Ferrol. López apostó por tirar la línea más arriba que en los 45 minutos iniciales y poblar más el área de jugadores y buscar el juego aéreo, influido en parte por el mal estado del campo. Recibió su premio a los ocho minutos del reinicio. Saque de esquina desde la derecha y Zalaya, entrando desde segunda línea al segundo palo, firmó el empate ante el fondo que se encontraba su gente. Enloquecía el trozo de Ferrol que invadía el municipal pontevedrés.
Empate en el marcador, 35 minutos restantes y un clima más propio de un agotador descuento. Tensión a raudales granate y verde. Ataques por arriba de los visitantes e intervenciones seguras en defensa e inverosímiles bajo los palos. Aún no me explico cómo Marqueta sacó aquel balón sobre la línea.
Domínguez estaba seguro que a la espalda, en transición iba a gozar de alguna ocasión de romper el partido. Así fue. Al filo del tiempo reglamentario, Yelko colgó un saque de esquina al punto de penalti, los defensores norteños despejaron erráticamente y Resende, con un derechazo al palo largo levantó a todo el estadio por segunda vez.
Ocho minutos de reloj y seis de añadido separaban Pasarón de caer en la locura. A cuenta gotas, celebrando hasta los saques de banda y no sin tiempo el colegiado dictó sentencia: «Estos tres pitidos obligan a todo el estadio a ponerse en pie y aplaudir la proeza obrada», se entendió. Aún ahora siguen algunos hinchas en pie aplaudiendo allí.
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