Vela
Javier de la Gándara, la memoria del mar
El regatista vigués compartió en las carpinterías de A Seara sus experiencias tras dos vueltas al mundo y décadas compitiendo en el mar

Javier de la Gándara (izquierda) en la charla del jueves 13. / Gonzalo Núñez
El regatista vigués Javier de la Gándara convirtió las antiguas carpinterías de A Seara en una ventana a la navegación oceánica. Durante cerca de una hora y media, el navegante repasó ante un público que llenó el espacio algunos de los episodios más exigentes de su trayectoria, desde sus comienzos con apenas 17 años hasta sus experiencias en regatas alrededor del mundo.
La charla, organizada por el Club Social Moaña Mar, dentro del programa municipal de Días de Mar, permitió conocer de primera mano la dureza de la vida a bordo. De la Gándara relató sus dos vueltas al mundo y las condiciones a las que se enfrentó junto a sus tripulaciones, con turnos de navegación y descansos de unas cuatro horas. También recordó situaciones límite, como el rescate de un tripulante en aguas de aproximadamente un grado de temperatura, una actuación por la que recibió la medalla de oro de Salvamento Marítimo.
La dureza de estas travesías no se limitaba al mar. El regatista explicó las dificultades para comer y descansar durante las navegaciones y recordó cómo las lesiones de algunos compañeros obligaban a atenderlos mientras la tripulación continuaba compitiendo. En una de estas experiencias, el médico del equipo llegó a administrar más de 70 inyecciones de calmantes a los tripulantes heridos.
También hubo espacio para los récords de velocidad logrados y, para explicar cómo se afrontaban las maniobras cuando el barco navegaba escorado. La competición añadía todavía más exigencia a unas travesías ya de por sí extremas: “Navegar está bien, pero a él le gusta muchísimo competir”, explicó Roberto Telle, delegado de vela de Moaña Mar, sobre la relación del regatista con el mar.
Precisamente, la forma de vivir esas experiencias fue uno de los aspectos que más llamó la atención del público. Telle destaca la naturalidad con la que De la Gándara relató episodios que para cualquier otro podrían parecer extraordinarios. “Lo que necesitas para aguantar, para navegar, para ganar, es la cabeza”, recordó sobre una de las reflexiones que dejó durante el encuentro.
La intervención despertó numerosas preguntas, especialmente sobre la navegación oceánica, la vida a bordo y las situaciones límite que pueden surgir durante una regata. El público, según Telle, se quedó con ganas de más después de una charla que se prolongó hasta las diez de la noche.
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