Remo
El mundo del remo rinde homenaje póstumo el domingo a David Castro, Piris, exintegrante de Vila de Cangas, Samertolaméu, Tirán , Mecos y de la selección nacional de banco móvil
Familiares y excompañeros depositarán en el mar las cenizas del deportista cangués, que murió el pasado 24 de marzo
«Hay nombres en este deporte que no se olvidan y el de Piris es uno de ellos», señalan remeros que compartieron embarcación con él

Gonzalo Núñez
«Hay nombres que en Galicia no se olvidan y el de Piris es uno de ellos. Mucha gente ganó Campeonatos de España y nadie los conoce, pero en todo el Cantábrico saben quién era él». No hay modo más gráfico para describir a David Castro Pires que el que utiliza su excompañero en el Club de Remo Vila de Cangas Fernando Crego.
La impronta que ha dejado el remero cangués va mucho más allá de lo deportivo, de sus éxitos en el agua tanto en banco fijo como en móvil, y se plasma en lo personal, en un carácter que lo convirtió en uno de los personajes más queridos de este deporte. Piris falleció el pasado 24 de marzo alejado de esos focos que rehuía y es ahora cuando su familia ha decidido rendirle el homenaje que merece. Será este domingo a las 10.45 horas, justo antes de la regata de veteranos que se disputará en Cangas, con una ofrenda floral y el depósito de sus cenizas en un mar que fue una de sus pasiones, y con muchos de sus excompañeros como testigos.
Casi cuatro décadas duró el idilio que mantuvo Piris con el remo desde que dio sus primeros pasos en el año 1988. Pudo haber sido un amor fallido porque por entonces el cangués compaginaba esta modalidad deportiva con el balonmano, militando en las filas del Cangas. «Era una bestia, iba sobrado para todo. De hecho entró y ya empezó ganando el primer año», señala Crego.
En esa temporada de debut, Piris se alzó con el Campeonato de España de Bateles, formando parte de una tripulación en la que también se encontraban Eusebio, Sergio y César Núñez, con Andrés como patrón y con un técnico como Ricardo del Río del que hablaba maravillas, «como de todos los entrenadores que tuvo», apunta su mujer, Katia Parcero.

David Castro vierte champán sobre un compañero de la SD Tirán tras haber ganado la Bandera de El Corte Inglés en Vigo en 1996. / FDV
Roberto Carlos Costas, compañero en el Vila, en el Real Club Náutico de Vigo, en el Centro Gallego de Tecnificación Deportiva y en la selección de veteranos, recuerda que en esa época «salía de entrenar de aquí para ir a hacerlo con el balonmano. Y también era muy bueno. Era zurdo y tenía un lanzamiento tremendo». El punto de inflexión llegó con la llamada de la selección de banco móvil. «Ahí tuvo que decidirse y optó por el remo», señala.
A partir de ahí se fraguó una carrera notable en la que pasó por el Vila (1993, 2001, 2002, 2003 y 2004), SD Samertolaméu (1994 y 1995), SD Tirán (1996, 1997, 2003 y 2004) y Mecos (2006), salpicada por experiencias en el banco móvil y por alguna temporada de descanso.

Piris con su suegra en la rampa de Donosti, en una de las regatas de La Concha en las que tomó parte. / FDV
En Meira brilló con dos subcampeonatos de España de forma consecutiva y con un más que meritorio tercer puesto en la Bandera de la Concha. En Tirán estuvo aún más cerca de la proeza de alzar la bandera en las consideradas Olimpiadas del remo. Fue segundo tras ganar una de las dos jornadas de esta regata. Y en el club de O Grove formó parte de la tripulación que compitió por primera vez en la Liga ACT.
Excompañeros como los citados Crego y Costas, como Serafín Dacasa (que coincidió con él tanto en Tirán como en Mecos) o como Carlos Maya y Adolfo Román (compañeros de última etapa con los veteranos en banco móvil) lo recuerdan como un auténtico privilegiado en el plano físico. «Levantaba 530 kilos en press pierna, una burrada. Un día estábamos en el gimnasio y cuando ya no había más peso en la máquina avisamos al entrenador. Llegó, se sentó encima de la prensa y aún lo levantó a él con la máquina varias veces», señala entre risas Serafín Dacasa.

Piris, cuarto por la izquierda, con el resto de la tripulación del batel del Vila de Cangas campeón de España en 1988. / FDV
De su talento innato también da cuenta Katia Parcero, con una anécdota de su estancia en Tirán en el año 1996. Arturo Abruñedo, técnico de reconocido prestigio en el banco móvil -por sus manos pasaron olímpicos como Juan Zunzunegui y Jesús González o el moañés Rodrigo Conde, entre otros- estaba formando una selección gallega para competir en la desaparecida regata de Copa del Rey. «Los andaluces, los vascos y demás tenían sus selecciones, y aquí no había nada. Arturo fue llamando a la gente que conocía para formar un Ocho y él le pidió permiso a José Manuel Francisco (técnico de Tirán) para ir», comenta. Al llegar al campo de regatas «él contaba que veía a los otros equipos con las camisetas de Remo España y demás, y ellos iban casi cuatro amigos». Pues bien, ese barco gallego se alzó con el título nacional contra pronóstico.

Eusebio, César, Piris y Sergio, parte de la tripulación del batel infantil campeón de España en 1988 en un reencuentro años más tarde. / FDV
En esa época primero en Meira y luego en Tirán le tocó competir contra el poderío vasco. Formó parte de la generación que posiblemente estuvo más cerca de romper la hegemonía de esa comunidad, a pesar de que, como recuerdan Roberto Carlos Costas y Serafín Dacasa, «no competíamos ni de lejos en las mismas condiciones. Los presupuestos no eran los mismos y nosotros comprábamos los barcos que ellos ya no querían».

El remero cangués celebra con la bandera el título en el Campeonato de España de Trainerillas en 1997. / FDV
Piris encarnó a la perfección esa máxima de que «naces remero y mueres remero», compitiendo hasta 2024. En esta última etapa lo hacía en banco móvil con los veteranos, sumando año tras año títulos, tal y como manifiestan Maya y Adolfo Román. Plata en el Campeonato de España con el Ocho en 2020, oro en 2021 en el Cuatro sin timonel, bronce en 2022 en el Ocho y clasificación para el Campeonato del Mundo en Francia, nuevo bronce con el Ocho en 2023 y oro en 2024.

El cangués, quinto por la izquierda, con la selección española de remo olímpico en el embalse de Mequinenza. / FDV
Asumía con naturalidad el deporte. «No le daba importancia a ganar o a no hacerlo. A lo mejor estabas enfadado por el resultado y él te decía que no pasaba nada» recuerdan sus excompañeros en el Vila de Cangas. En una Clasificatoria de La Concha con Tirán, recuerda Serafín Dacasa, «hay una foto que lo refleja perfectamente. Estamos todos saltando celebrándolo y él mirando hacia abajo y riéndose, pensando 'lo hicimos'».
«Era muy noble, muy buen compañero», señala Maya. «Era muy simpático, te reías mucho con él», añade Dacasa. «Yo no lo vi enfadado nunca», completa Crego. Antía Castro, su hija y una de las grandes impulsoras de este homenaje, con la inestimable ayuda del directivo del Vila de Cangas Iván García, recuerda que «no le gustaba ser protagonista. Era todo remo. Lo veíamos todos los domingos y él te explicaba todo, aunque me decía que hiciese cualquier deporte menos remo». Y confiesa emocionada que «lo que más echaré de menos de mi padre es esa última llamada antes de un campeonato importante, no solo yo, sino mi compañera. Que otra gente lo eche de menos así habla muy bien de él».
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