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Artes marciales

El luchador que quiere volver a la UFC con Galicia como trampolín

Laureano Staropoli, luchador argentino de MMA, reside ahora en Santiago tras ser reclutado por los hermanos Climent, mentores de Ilia Topuria, y prepara, con parada en Vilagarcía, su camino de regreso a la UFC.

Staropoli competirá en Croacia nuevamentel el 20 de junio.

Staropoli competirá en Croacia nuevamentel el 20 de junio. / Iñaki Abella

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Vilagarcía

Laureano Staropoli habla con la naturalidad de quien ha hecho del octágono una forma de vida. Nació en La Plata, Argentina, tiene 33 años y compite en la categoría de 77 kilos, pero su historia empezó mucho antes de que las siglas MMA se convirtiesen en un fenómeno global. «Hice deporte de combate toda mi vida. Empecé con taekwondo a los ocho años y entreno MMA desde los 17», explica a su paso por Vilagarcía, donde se trata en la Policlínica Patricio Serqueira. Ahora vive en Santiago de Compostela, fichado por los hermanos Climent y Cristina Amo para ejercer como entrenador jefe del Climent Club, los mentores que guiaron a Ilia Topuria hasta la élite mundial.

Su llegada a Galicia forma parte de un proyecto deportivo y personal. Los Climent le propusieron venir a España para ser imagen del club y reforzar el crecimiento de las artes marciales mixtas en una comunidad donde, entiende, todavía queda mucho por construir. «El MMA está creciendo mucho en España, pero es en Galicia donde más necesita crecer. El nivel sigue siendo bastante amateur y queremos darle más profesionalismo», apunta. En Santiago, el club reúne ya a unas 350 personas en diferentes disciplinas marciales, no solo en MMA.

Staropoli no es un recién llegado a la exigencia. Con 17 años se preguntó a qué quería dedicar su vida y decidió apostar por un deporte que mezcla todas las artes marciales dentro de un octágono. Primero dominó en Argentina, donde ganó todos los combates de su categoría. Después llegó el salto internacional, con peleas en Brasil y Bolivia. A los 24 años se instaló en la ciudad carioca de Sao Paulo para competir a un nivel superior y desde allí logró entrar en la UFC, el gran escaparate mundial de las artes marciales mixtas.

Su carrera no se detuvo ahí. Tras su etapa en la compañía estadounidense, siguió compitiendo en diferentes escenarios y llegó a proclamarse campeón del mundo en Francia con Ares. Ahora vuelve a mirar hacia arriba desde la FNC, la promotora en la que viene de ganar por KO en el primer asalto a un luchador afgano. El próximo paso llegará el 20 de junio, también en Croacia, ante un rival checo. «Si gano, pelearé por el título en septiembre», señala. Y ahí vuelve a aparecer una palabra que no abandona su horizonte: UFC. «Seguro que va a existir la posibilidad, pero FNC también pujará porque me quede».

El luchador pasó por Vilagarcía para tratar sus pies.

El luchador pasó por Vilagarcía para tratar sus pies. / Iñaki Abella

La pelea, sin embargo, no empieza cuando se cierra la jaula. Staropoli insiste en la exigencia invisible de un deporte extremo. «Lo que más cuesta es la dieta. Restringirse cuando empieza el corte de peso es complicado», admite. Habla de bajar seis o siete kilos en apenas 24 horas, de entrenamientos que le gustan pero que arrastran una carga mental y física muy estresante. Aun así, relativiza algunos prejuicios. «A nivel lesivo, el fútbol es mucho más lesivo que el MMA. Obviamente es un deporte violento y extremo, pero los hay mucho más peligrosos. Una vez estás dentro, terminas normalizando».

Esa normalidad llega incluso a su vida familiar. Aurora, su hija de dos años, ve las peleas casi como un juego, porque también lo ve entrenar cada día. Para Staropoli, esa convivencia con el deporte no significa educar en la violencia, sino en la disciplina. «Ve que son necesarios unos hábitos que son para la vida», resume. Su discurso se aleja del tópico del luchador encerrado en la dureza. Defiende las artes marciales como herramienta de defensa, autocontrol y crecimiento personal. «Invitaría a practicar cualquier arte marcial. Para defenderse es fundamental, también para las mujeres, porque vivimos en una sociedad patriarcal y desigual. La mujer tiene que saber defenderse y hacerse valer ante cualquier tipo de violencia».

Laureano Staropoli se define también como maestro marcial. Desde esa posición, entiende su trabajo en Galicia como algo más que preparar competidores. «Damos ayuda para tener dominio de sí mismo y de las situaciones», afirma. Pero el competidor sigue muy vivo. Quiere pelear hasta los 40 o 42 años, conquistar el cinturón de la FNC y regresar el próximo año a la UFC. «Quiero ser un ejemplo de superación, de atravesar adversidades, y que le sirva de lección de vida a mi hija», concluye. Su presente está en Santiago y su recuperación pasa por Vilagarcía, pero su mirada continúa fija en el octágono más grande del mundo.

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