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Fútbol | 3ª RFEF

La pasión arlequinada espera su premio

Cuatro años después del último ascenso a Segunda RFEF, la peña Escuadra Arlequinada vuelve a mirar al mismo sueño: acompañar al Arosa en un domingo que puede devolverlo a la categoría más deseada

La peña está contando las horas para el partido del domingo.

La peña está contando las horas para el partido del domingo. / Iñaki Abella

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Vilagarcía

Una persona puede cambiar de aspecto, de amistades o de hábitos. Puede modificar rutinas, gustos o costumbres. Pero hay pasiones que no se cambian. Se heredan, se contagian, se alimentan y se defienden contra viento y marea. La Escuadra Arlequinada nació precisamente de eso: de la pasión por unos colores, por una camiseta, por una grada y por un club, el Arosa, que para muchos vilagarcianos y arousanos representa mucho más que noventa minutos de fútbol cada domingo.

La peña, oficial desde el año 2022, comenzó a tomar forma mucho antes. A comienzos de 2020, en la grada de Preferencia de A Lomba, una semilla empezó a germinar alrededor de Vero, ese aficionado incansable que nunca faltaba a una cita del Arosa, fuese cual fuese el rival, el tiempo o la situación clasificatoria. Allí estaba siempre, con su bombo y su bandera, poniendo sonido y color a una pasión que poco a poco fue atrayendo a más gente.

A su alrededor se fueron sumando nombres que hoy forman parte de la memoria reciente del arosismo. Pablo Limeres, por entonces responsable de las redes sociales del club, José Carlos Gómez, Menchu Couso, Pepín González, José Carballo y otros muchos aficionados, independientemente del género o la edad, comenzaron a compartir un mismo espacio y una misma forma de vivir el fútbol. Lo que empezó como una coincidencia en la grada terminó convirtiéndose en una manera de entender el Arosa: diversión, apoyo, pertenencia y una fidelidad que no se limitaba a la grada de A Lomba. Porque la Escuadra Arlequinada empezó pronto a seguir al equipo también lejos de Vilagarcía, en viajes, campos complicados y tardes en las que el aliento de la grada valía casi tanto como un gol.

Aquel espíritu creció con Rafa Sáez en el banquillo y con una temporada que acabó desembocando en el ascenso a Segunda RFEF. Los buenos resultados ayudaron, pero la clave fue la sintonía. Equipo, club y afición remaban en la misma dirección. En ese clima nació una unión que después se convertiría en peña oficial y que ahora, cuatro temporadas después, vuelve a encontrarse ante un escenario parecido: el Arosa tiene este domingo ante el Céltiga la oportunidad de regresar a una categoría que solo pisó una vez y que se convirtió en un objetivo perseguido desde entonces.

La peña está siempre detrás del equipo desde su constitución.

La peña está siempre detrás del equipo desde su constitución. / Iñaki Abella

Entre aquel ascenso y este presente hubo también días difíciles. Derrotas, decepciones en forma de play off, años sin alcanzar la fase decisiva y proyectos que no terminaron de cuajar. La Escuadra Arlequinada estuvo ahí también, cuando el viento no soplaba a favor y cuando la ilusión parecía resentirse. José Carlos Gómez recuerda especialmente este curso la derrota en Boiro como uno de esos momentos de bajón. «Nos veíamos fuera de todo un año más, pero ahí seguimos, ahí estuvimos y el equipo respondió», apunta. Esa frase resume buena parte del carácter de la peña: estar cuando se gana, pero sobre todo permanecer cuando cuesta.

Fueron casi cuatro años de penitencia para una afición que había saboreado la Segunda RFEF y que después tuvo que convivir con la frustración de no regresar. Pero el arosismo volvió a reconstruirse desde dentro. Con Gonza Fernández en el banquillo, el equipo encontró continuidad, confianza y una segunda vuelta en la que el empuje de la grada volvió a ser parte del relato. Plantilla y afición recuperaron esa sensación de piña que tantas veces marca la diferencia en los momentos decisivos.

Para Menchu Couso, el Arosa no es una afición adquirida, sino una herencia familiar. «Mi abuela limpiaba los baños y los vestuarios de A Lomba hace más de 50 años», recuerda. También su padre vistió la camiseta arlequinada y su hermano llegó a ser entrenador del club. En su caso, el sentimiento no se explica: se lleva dentro. Su marido, José Carballo, reconoce que esa pasión también se la inculcó ella y espera volver a la grada de Preferencia con la falda escocesa, una de esas señas que ya forman parte del paisaje emocional de la peña.

José Carlos Gómez, natural de Sisán pero vilagarciano de adopción, tampoco duda al definir lo que significa el club. Para él, el Arosa es «mucho más que un sentimiento». Su vínculo refleja también la dimensión comarcal de la entidad arlequinada, representante durante décadas del fútbol de mayor nivel en la zona. El Arosa no pertenece solo a una ciudad. Su historia, sus domingos y sus viajes han ido sumando adhesiones en toda Arousa.

Siempre ha habido representación de Escuadra Arlequinada en todos los partidos.

Siempre ha habido representación de Escuadra Arlequinada en todos los partidos. / Iñaki Abella

En la memoria de la peña quedan episodios que ya forman parte del álbum reciente del club: las eliminatorias de Copa del Rey ante rivales como el Granada o el Valencia, las visitas a Pasarón en aquel único curso en Segunda RFEF o el desplazamiento masivo a Vilalba, que José Carlos todavía recuerda como el más numeroso de los realizados por la Escuadra Arlequinada. Son recuerdos que explican la fuerza de un grupo capaz de convertir cada salida en una prolongación de A Lomba.

Ahora, sin embargo, nadie quiere correr más de la cuenta. El domingo ante el Céltiga tiene todos los ingredientes de una cita histórica, pero en la peña prefieren no anticipar celebraciones. José Carlos Gómez habla incluso de evitar el «mal fario». El deseo está ahí, evidente, pero la consigna es clara: primero animar, empujar y ayudar al equipo a conseguir los tres puntos. Después, si llega el momento, ya habrá tiempo para soltar toda la emoción acumulada.

La Escuadra Arlequinada quiere que Vilagarcía se sienta plenamente identificada con su equipo en una jornada que puede cerrar un círculo. El ascenso de hace cuatro años fue el germen de una peña que después alcanzó su oficialidad en 2022. Ahora, ese mismo sueño vuelve a aparecer en el horizonte. Y si el Arosa consigue derrotar al Céltiga, los bombos, los cánticos y las banderas volverán a tener sentido de viaje largo. Porque la pasión no cambia de color. Y la de la Escuadra Arlequinada lleva escrito, desde hace años, el nombre del Arosa.

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