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ARTE

Fernando Brambila, el pintor que se adentró en los Reales Sitios: un viaje por los palacios que guardan la memoria de la Corona

La Galería de las Colecciones Reales rescata al artista italiano que recorrió edificios, jardines y ciudades para fijar en imágenes el paisaje monumental de la monarquía española: la exposición puede verse hasta el 12 de octubre

Vista de la fuente del Abanico en el Real Sitio de San Ildefonso.

Vista de la fuente del Abanico en el Real Sitio de San Ildefonso. / PATRIMONIO NACIONAL

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Madrid

Antes de que una cámara pudiera congelar el perfil de un palacio y la silueta de una ciudad, hubo artistas que trabajaron como notarios de la mirada. Fernando Brambila fue uno de ellos: un pintor capaz de convertir el territorio en documento y, a la vez, ojo, de cargarlo de solemnidad teatral. La Galería de las Colecciones Reales le dedica ahora la exposición Fernando Brambila, pintor de los Reales Sitios, abierta al público hasta el 12 de octubre. Es la primera muestra que reúne un conjunto tan amplio de obras de este autor nacido en Cassano d’Adda en 1763 y muerto en Madrid en 1834, especialista en perspectivas, paisajes y vistas urbanas.

El recorrido devuelve al primer plano a un creador que suele quedar en los márgenes del gran relato pictórico. Quizá, porque su obra no buscaba el fogonazo del retrato cortesano ni la épica del cuadro de historia. Brambila trabajaba con otra forma de poder: la exactitud. Sus composiciones ordenan caminos, fachadas, jardines, cauces y arquitecturas con una precisión que revela hasta qué punto la imagen de un lugar también puede ser una construcción política. Pintar un Real Sitio no era sólo retratar un paisaje bello, era fijar una idea de Estado, de memoria dinástica y de dominio simbólico. La exposición reúne alrededor de 30 piezas y permite seguir las distintas vidas de Brambila: el viajero científico, el observador de ciudades, el artista de cámara y el fabricante de una iconografía que todavía condiciona nuestra manera de imaginar los palacios reales. Entre las obras seleccionadas figuran vistas de palacios, materiales ligados a la expedición Malaspina y estampas de las ruinas de Zaragoza tras el asedio napoleónico.

Vista de la entrada del Real Sitio de San Ildefonso.

Vista de la entrada del Real Sitio de San Ildefonso. / PATRIMONIO NACIONAL

La biografía del pintor contiene una de esas curvas que hacen del siglo XVIII un laboratorio de mundos. Incorporado a la expedición de Alejandro Malaspina, Brambila recibió el encargo de representar puertos y enclaves visitados por las corbetas. De Guam a Manila, de Macao a Sidney, de Lima a Montevideo. Sus panorámicas ofrecían información sobre defensas, monumentos y trazados urbanos, un material valioso para conocer el aspecto de aquellas ciudades al final del Siglo de las Luces.

Tras aquella experiencia ultramarina, Brambila asentó su carrera en la Corte. En 1799, Carlos IV le otorgó el título de pintor arquitecto y adornista de Cámara. Pero el núcleo de la muestra está en el encargo que Fernando VII le hizo entre 1821 y 1833: una serie de vistas de los Reales Sitios pintadas al óleo sobre lienzo y concebidas para los gabinetes de los palacios. Aquellas imágenes no se quedaron encerradas en estancias reales. Al pasar a la estampa y circular a través de la Colección de las Vistas de los Sitios Reales, ayudaron a crear una memoria compartida de Aranjuez, La Granja, El Escorial y el Palacio Real.

Vista de la puerta de San Vicente con parte del Real Palacio de Madrid.

Vista de la puerta de San Vicente con parte del Real Palacio de Madrid. / PATRIMONIO NACIONAL

Hay en Brambila algo de topógrafo y algo de escenógrafo. Mide, pero también encuadra. Describe, pero no renuncia a la puesta en escena. Sus jardines parecen organizados para una entrada solemne; sus arquitecturas, para ser leídas como emblemas; sus ruinas, para que la destrucción se vuelva testimonio. En esa tensión entre documento y artificio reside la actualidad de su obra. Hoy, cuando la imagen circula a una velocidad que apenas deja poso, sus vistas obligan a mirar despacio.

La muestra, comisariada por Isabel María Rodríguez Marco, conservadora de pintura de los siglos XIX, XX y XXI de Patrimonio Nacional, no plantea una simple recuperación arqueológica. Propone leer a Brambila como un autor clave para entender la formación visual de la España contemporánea. Dos siglos después, la Galería invita a entrar en esos paisajes con una pregunta de fondo: ¿cuánto de lo que creemos recordar de un lugar procede de haberlo visto, y cuánto de haberlo heredado en imágenes? Brambila, discreto y exacto, responde desde sus lienzos con la paciencia de quien sabía que pintar un sitio era también darle futuro.

Fuente: El Periódico de España

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