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Estreno

'McCartney 3, 2, 1': confesiones de un as del pop

En la esperada docuserie, el 'beatle' desmenuza los clásicos de la banda y reflexiona sobre la creatividad en compañía del superproductor Rick Rubin

Rick Rubin y Paul McCartney en una imagen de ’McCartney 3, 2, 1’.

A la espera (quedan tres meses) de 'The Beatles: Get back', la serie de Peter Jackson que nos sumergirá en la grabación del álbum 'Let it be', los beatlemaníacos y amantes del pop en general pueden deleitarse desde este miércoles con 'McCartney 3, 2, 1' (Disney+), la sorprendente serie de seis episodios que une al 'beatle' y el superproductor Rick Rubin (Beastie Boys, Johnny Cash, Adele) en entusiastas conversaciones sobre la historia musical del primero, secretos de clásicos y no tan clásicos de los Beatles o los misterios de la creatividad

Al director Zachary Heinzerling, nominado al Oscar en 2014 por 'Cutie and the boxer', no le hace falta demasiado material de archivo ni muchos cambios de escenario para entretener: se basta y sobra con la conversación distendida y natural entre estos dos iconos de la música, entre un Macca de entusiasmo perenne (se arranca a cantar clásicos que debe haber cantado millones de veces) y un Rubin de mirada permanentemente fascinada. Ayuda al encanto ese cuidado blanco y negro de Stuart Winecoff, el mismo director de fotografía de, por ejemplo, el vídeo 'TKN' de Rosalía con Travis Scott. 

Los lazos que unen y separan

No es tan común, y tiene algo de acontecimiento, escuchar a McCartney abriéndose en profundidad sobre todas las partes de su vida. Esto empezó como una entrevista sobre música, pero hace parada finalmente en las relaciones familiares y personales del músico, en parte porque sin ellas no habría sido ese músico. Macca creció escuchando el piano de su padre, quien se vio obligado a dejar de tocar por la artritis y cedió a Paul la misión de animar las fiestas familiares de Nochevieja.

Según recuerda McCartney, John Lennon creció en un ambiente doméstico muy distinto; su padre marchó de casa cuando él tenía tres años. Eso pudo influir en que fuera menos abierto que Macca y siempre pareciera a la defensiva. Al parecer, no se prodigaba con los piropos. Uno de los mayores elogios que Macca le escuchó fue sobre 'Here, there and everywhere', la balada de 'Revolver'. Mientras escuchaban el disco en el chalet de esquí que compartieron durante el rodaje de '¡Socorro!', John le dijo a Paul sobre aquella canción: "Esta me gusta". Eso fue todo, pero eso fue mucho. 

Cómo se hacen las canciones

A lo largo de la serie, McCartney demuestra una memoria prodigiosa: es capaz de explicar exactamente cuándo, cómo y por qué los Beatles hicieron muchas de las cosas que hicieron. Rubin aísla pistas en la mesa de mezclas y Macca da todo el contexto imaginable sobre lo que estamos escuchando. Como relojeros en un taller, desgranan todas las piezas de lo que creíamos mecanismos mágicos. Y, bueno, muchas cosas siempre serán mágicas: la línea de bajo de 'Michelle' surgió en el momento en el estudio, durante la hora y media que tuvieron para grabar la canción. Eso por no hablar del día en que Macca despertó habiendo soñado la imborrable melodía de 'Yesterday'.

Si había un mago en los alrededores, ese debía ser el productor George Martin, justamente conocido como el 'quinto beatle'. "Cuando llegábamos al estudio, George Martin podía no saber con lo que íbamos a salir. Salíamos con algo. Y después, dándole unas vueltas, teníamos una grabación de los Beatles, en lugar de solo esta pequeña canción que se nos había ocurrido", explica Macca.

Las influencias más diversas

Las canciones de los Beatles, como todas las canciones, son parte de un continuo, no nacen en un vacío. Pero no todos los grupos tienen la inquietud o el talento para aprehender influencias tan diversas. McCartney señala a Bach como "compositor favorito de la banda" y recuerda haber descubierto la trompeta piccolo, usada de forma emblemática en 'Penny Lane', mientras veía un 'Concierto de Brandenburgo nº 2' en televisión.

En cuanto a armonías vocales, sus primeros héroes fueron los Everly Brothers (Paul era Phil; John, el recién fallecido Don). Luego se fijaron en The Beach Boys, con los que había, dice Macca, cierta rivalidad transcontinental. "Creo que [Brian Wilson] había escuchado uno de nuestros álbumes y pensó, 'He de hacerlo mejor', ya sabes. Y eso fue 'Pet sounds', que me encanta". Como respuesta, los Beatles grabaron el ambicioso 'Sgt. Pepper's', disco en el que se colaron influencias de la música de vanguardia. Para 'A day in the life', Macca pidió a todos los músicos de una orquesta sinfónica que empezaran tocando desde su nota más baja y fueran subiendo hasta la más alta de forma no sincronizada. 

Sobre todo en el cuarto episodio, 'McCartney 3, 2, 1' reivindica a The Beatles como incansables exploradores de nuevas influencias, nuevos experimentos, nuevas inspiraciones… En el documental se puede hablar en profundidad de 'Michelle' o 'Penny Lane', pero también de una pieza tan poco canónica como 'Maxwell's silver hammer', en la que Macca se marcaba un solo con el por entonces nuevo sintetizador Moog.

'Vive y deja morir'

Si se puede poner algún pero a 'McCartney 3, 2, 1', debe ser el escaso tiempo dedicado a la carrera de McCartney más allá de los Beatles, que incluye grandes discos con Wings o a su nombre. Tras la separación de una banda en la que creyó "iba a estar toda mi vida", Macca se convirtió por un tiempo en autodefinido "granjero hippie" en Escocia, pero más pronto que tarde su vena artística volvió a emerger con fuerza. 'McCartney', de 1970, fue un "pequeño proyecto casero" convertido, finalmente, en disco importante y cada vez más reivindicado. Luego llegarían otros muchos grandes logros.

Por suerte, no se deja a un lado 'Live and let die', el tema de McCartney y Wings para 'Vive y deja morir', octava película de la saga Bond. La reconstrucción de su creación es casi tan emotiva como aquel clip en el que Angelo Badalamenti recuerda cómo se compuso el tema de Laura Palmer. Cuando entra la orquesta, es "puro [George] Martin", dice Macca. Y es fácil que broten las lágrimas. 


Cuatro perlas de McCartney en solitario


Acabada la era Beatles, McCartney continuó refinando y expandiendo la música popular, tanto desde Wings como a su nombre. Aquí recordamos cuatro de sus mejores discos en solitario. 

'McCartney II' (1980). El Macca más punk está en sus dos primeros discos firmados con su apellido. El segundo era un alucinado catálogo de pop experimental a veces más basado en el groove que la melodía. De referencia para iconos alternativos como Stephen Malkmus o Mac DeMarco. 

'Flowers in the dirt' (1989). Tras algunos discos discutidos, recuperó el favor popular y crítico del brazo de un grande como Elvis Costello, co-compositor de casi la mitad de temas y miembro del equipo de productores. Aparcaba un poco su parte de 'showman' y se ponía dolorosamente personal.

'Flaming pie' (1997). Marcado por la preparación de 'Anthology', Macca recuperó el mejor aliento melódico de los Beatles en un disco, además, con Ringo y George Martin. Otra obra de emoción intensa: durante la grabación, diagnosticaron cáncer de mama a su esposa Linda.

'Chaos and creation in the backyard' (2005). Supervisado por Nigel Godrich (productor de Radiohead), este disco sobrio deja al descubierto (por si todavía hacía falta) sus cualidades como puro y duro compositor de canciones. Destaca la balada de decepción sentimental 'Riding to Vanity Fair'. 


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