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Viaje a una geografía desolada

Javier Teniente recorre con sus fotos en una muestra algunas de las mayores catástrofes de los últimos 25 años

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Las mayores catástrofes de los últimos 25 años, frente al objetivo de Javier Teniente Pablo Hernández

Una enorme foto en blanco y negro de un avión con una hélice en primer plano y al fondo la ciudad de Panamá da la bienvenida en la Casa das Artes de Vigo a la exposición “Unha xeografía atormentada”, del fotodocumentalista gallego Javier Teniente.

Explica el autor que en ella muestra parte del archivo de casi 25 años de carrera y que la selección de la imagen obedece a una causa: “El viaje en sí era muy importante en los primeros años. Antes de cada uno, era y sigue siendo importantísimo situar los lugares a los que iba en un viejo atlas que tengo. La geografía como tal siempre me interesó y la fotografía del avión con hélice simbolizaba esa parte. Es también un viaje en el tiempo”.

Se trata de un periplo –disponible hasta el 5 de septiembre– a lugares atormentados ya que muchos sufren la condena maldita de repetir sempiternamente los padecimientos provocados por el clima o las guerras a lo largo de los años.

En esa máquina del tiempo alegórica, Teniente propone comenzar la visita por un trabajo en Honduras en blanco y negro, con copias realizadas en haluro de plata. Sin duda, obras de arte que retratan la desolación ante las que hay que reverenciarse y que viajaron por medio mundo para exposiciones tras partir de la Casa das Artes en 2000.

El hilo conductor de este trabajo con el resto es “la visión de autor a la hora de seleccionar las fotografías”, explica el fotoperiodista que en el año 2004 viajó a Sumatra para retratar los efectos del colosal tsunami índico. “Estuve en Banda Aceh, que era el lugar más cercano al epicentro del terremoto”, cuya escala superó la magnitud nueve de la escala Richter.

“Yo tenía claro cuál era mi cometido pero eso no quitaba que lo pasara mal. Allí, tuve que replantearme lo que estaba fotografiando o cómo lo estaba haciendo. Llegué en el primer avión con ayuda humanitaria que salió de España. A los tres o cuatro días estaba en la zona. Había miles de cadáveres por todos lados. Ahí hubo un cambio de chip en mi trabajo. Buscaba captar la atmósfera del lugar”, reflexiona el fotógrafo que comenzó en FARO y logró con este trabajo el Premio Internacional Luis Valtueña de Fotografía Humanitaria.

Una de sus imágenes, si no contáramos con su introducción, se nos asemeja onírica con el cielo y el mar ensamblados en color, las nubes buceando en el agua y un hombre flotando. “Escapé de la manera de fotografiar lo evidente. Es el típico paisaje de la zona con la dureza de lo que aconteció pero mostrado de otra manera. Intenté captar la atmósfera extraña, terrible, del lugar, algo muy grave había sucedido. Había luces muy extrañas y me ayudé de eso para montar el reportaje. Los locales con los que hablaba aún estaban en shock, seguía habiendo movimientos sísmicos de magnitud seis, se caían las casas”, añade.

Otra parada obligada en la muestra es ante las imágenes de Haití donde vivió la muerte de su compañero de profesión Ricardo Ortega, de Antena3 TV; o en el hospital para tuberculosos en Mauritania donde la gente prácticamente acudía a morir entre falta de atención médica y suciedad. El recorrido de Javier Teniente nos trae a España también con los inmigrantes en Almería que viven en chabolas construidas muchas veces con los plásticos de los invernaderos, sin agua corriente; a la explotación de los trabajadores de la caña de azúcar en República Dominicana; a las comunidades mineras abandonadas en Ecuador o en León.

No olvida Teniente a Galicia, “el olor a soldadura” que le llegaba con las vibraciones de los golpes contra la chapa de los barcos de los astilleros que ahora parecen fantasmas en la ría; el titánico trabajo de las mariscadoras; la labor de los marineros senegaleses en Burela... y la pobreza de un sin techo histórico en Vigo.

Ante el mapamundi, un lugar le hace suspirar: Afganistán, el destino al que quiso ir pero que se escurrió. “Es mi espinita clavada. Era un país que parecía que salía de la Edad Media y en cuatro días seguramente volverá a ella. Hay lugares que viven en un tormento permanente”, lamenta.

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